Desayunando juntos

Arrodillada en la cama, Él acaricia mis pechos y me come la boca mientras me quito lo que fue un camisón y que ahora sólo servirá para limpiarnos los restos de este desayuno.

Mientras Él juega con mis pezones, le unto y lamo el chocolate por la barbilla, por el cuello, por el hombro…

Él sacude el frasco de nata, me cubre un pecho con ella y lo chupa hasta dejarlo limpio, y muerde el pezón mientras retuerce el otro hasta oirme gemir.

Me da un empujón y me tira sobre la cama. Se arrodilla sobre mi cuello y, tras quitarme el chocolate, se unta completamente la polla y me dice:

– Buen provecho.

Empiezo a lamerla despacio, de abajo a arriba, hasta chupar la punta. Sólo el chocolate podía hacer aún más delicioso y placentero comerme esta polla que tengo en la boca.

Me encanta comérsela así, mirarle a los ojos mientras lo hago, puedo ver en ellos el deseo y el placer que siente y cómo va en aumento, eso me pone cada vez más cachonda.

La polla ya está limpia pero no puedo dejar de chuparla, me encanta hacerlo, tenerla en la boca y que se corra en ella, pero Él me lo impide quitándose y dándome la vuelta.

Me unta el culo con nata, se pone a cuatro patas sobre mi espalda y lo chupa y muerde mientras yo me masturbo y le susurro:

– Cómemelo… Cómeme el coño cariño…

Estas palabras le hacen saltar de la cama, darme la vuelta y, mientras me unta el coño con nata me dice:

– Voy a comerme la nata de tu coño y tú vas a tragarte toda la que salga de mi polla ¿entendido?

– Dámela ya cariño, dame tu polla. -le digo mientras nos montamos el 69-.

No tardo mucho en saborear su “nata”, mientras Él tarda un poquito más en limpiar la de mi coño y comérselo hasta hacer que me corra de placer.

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