Ha llegado el desayuno

– ¿Dónde habré puesto la bata?

¡¡¡Ding dong, ding dong!!!

– ¡Un momento!

Me pongo un camisón encima y salgo descalza a abrir la puerta.

Ahí está Él, con una sonrisa en la boca y un frasco de nata montada en alto.

– Buenos días. El desayuno.

– Sabes que no me gusta la nata.

– Lo sé, por eso te he traído esto. -dice sacándose de detrás de la espalda la otra mano con un frasco de sirope de chocolate-.

Le cojo los dos frascos, le dejo pasar y espero tras Él hasta que cierra la puerta.

Rodeo su cuello con mis brazos y empezamos a besarnos, mientras Él lleva sus manos a mi culo y me aprieta contra su polla, que todavía está dura.

– Así me gusta, que vengas preparado. -le digo mientras yo también bajo mis manos a su culo y lo aprieto contra mi coño-.

– ¿Y tú aún estás caliente, o te has enfriado y tengo que calentarte? -dice metiendo la mano entre mis muslos para comprobar si estoy mojada-. Veo que estás a punto, empapadita y sin bragas, como a mí me gusta. Pero la próxima vez quiero que me recibas desnuda ¿me oyes? -dice haciéndome una pinza metiéndome dos dedos en el coño y frotándome el clítoris con el pulgar.

– O podrías tener una llave y meterte en mi cama cuando quisieras. Hace un rato se me estaban ocurriendo unas cuantas ideas al respecto.

– ¡Ah! ¿Sí? Pues luego me las cuentas, vamos a desayunar…

Entramos a la habitación y le ayudo a desnudarse mientras no dejamos de besarnos. Cuando está completamente desnudo, voy a quitarme el camisón, pero Él me lo impide y sin mediar palabra, me señala la cama.

Me acuesto en la cama y Él se arrodilla entre mis piernas flexionadas, acariciándome el coño y haciéndome de nuevo una pinza. Se lleva la mano a la nariz y aspira profundamente, se lame los dedos y, con un movimiento rápido y enérgico, me coge el camisón y lo rasga de arriba a abajo.

– ¿Tú sabes la pasta que me costó este camisón?

Él sonríe, aparta hacia los lados el camisón roto, me coge los pechos y me dice:

– Te compro tres más iguales si me dejas hacer lo mismo con ellos. ¿Desayunamos?

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Soñando despierta

Mientras esperas a alguien, tu cerebro suele adelantarse y proyectar en tu mente cómo será el encuentro. Llevo esperándole casi media hora y he imaginado ya de todo.

Le he visto entrar en la habitación y pedirme:
– Repite lo del teléfono delante de mí.
Y yo he obedecido sin rechistar.

Le he visto entrar en la habitación quitándose la ropa y diciéndome:
– Ahora me vas a escuchar tú a mí, me vas a ver y me vas a notar.
Y acto seguido se ha masturbado corriéndose en mi cara y en mis pechos.

También le he visto entrar y, sin mediar palabra, agarrarme por el pelo, sacarse la polla y follarme la boca y, sólo al correrse en mi garganta, decirme:
– Nunca dejes de hacer estas cosas ¿me oyes?.

Lo último que he imaginado, ha sido verlo entrar y acercarse a mi cama, arrastrar mi cuerpo hasta el borde y arrodillarse entre mis piernas, coger el vibrador y decirme:
– ¿Me dejas probar a mí?
Lo pone a velocidad media y empieza a acariciar mi coño, los labios, el clítoris, mientras mi excitación aumenta y empiezo a mojarme. Él aparta el vibrador y lame mi coño un par de veces, sube la velocidad del delfín y deja su morrito fijo en mi clítoris, mientras me introduce dos dedos buscándome el punto G.
Estoy a punto de correrme cuando lo retira todo y vuelve a lamerme el coño, dándome mordisquitos en el clítoris. Por fin me folla con el vibrador mientras me estimula el clítoris hasta que mi cuerpo convulsiona de placer, lo retira todo y me come el coño mientras me corro en su boca.

¡Hay que ver lo que se puede llegar a imaginar en media hora! Lástima que Él no tenga llave de casa para poder hacer todo esto realidad…

¡¡¡Ding dong, ding dong!!!