El vuelo de gaviota

El vuelo de gaviota

También llamada postura de “La cortesana”.

Siempre es un poco difícil de contemplar toda la anatomía del/la otr@ durante el sexo. Para el verdadero amante de los pechos, la postura del vuelo de gaviota es óptima. Los pechos se revelan ante los ojos del hombre, que podrá acariciar, jugar, retorcer, besar, chupar e incluso morder a su gusto. La ausencia de esfuerzo físico relaja a la mujer y le deja una libertad para disfrutar que al hombre encantará transformar en placer durante el coito.

La mujer reposa de espaldas sobre la cama o sentada en un sofá, una silla, un puf… Sus nalgas están casi fuera del asiento, sus pies en el suelo para que no se resbale y sus piernas abiertas dejan ver su vagina de una forma tan sugerente que su pareja se excitará por seguro. ¡Pero que no se precipite! Se arrodilla entre los muslos de la mujer y, antes de la penetración, le hace un cunnilingus u otras estimulaciones que aumenten el deseo de cada uno. Por ejemplo, guiará su pene con la mano para rozarlo contra los labios de la vagina de la mujer que, en el momento que ella desee, pedirá ser penetrada.  

Estando de rodillas, el hombre mantiene su tronco erguido. Así su pene está alineado con la vagina. Este ángulo poco común (en las posturas donde el hombre está encima, el pene se mueve hacia abajo) confiere sensaciones fuertes e inéditas para cada uno. Los movimientos vigorosos del hombre atraviesan a la mujer. Ella casi no puede moverse, aunque sus balanceos de nalgas acompañan los golpes de cadera de su pareja. La ventaja de esta posición para la mujer es que los músculos de su espalda, por una vez, no serán solicitados.

El vuelo de gaviota, por el intenso placer que produce, es una manera original de practicar sexo. Esta posición asocia la ternura de la mirada y las caricias a la fogosidad de los deseos y el placer. Una variante es buscar un asiento para ella más alto (una mesa, la lavadora, el banco de la cocina…) y él la penetra de pié. Es la postura ideal para “echar uno rápido” en el despacho o darse una alegría en la cocina.

Un apunte: si te decides por la lavadora, ponla en el programa de centrifugado.

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