El principio de todo

Con los pechos en carne viva, Él no dejaba de mordérmelos como una bestia. Yo me retorcía de dolor y al mismo tiempo de placer. No quería que parase, quería que deborara todo mi cuerpo, que me deborara toda de principio a fin.

Me empujó hasta mi sillón, se sacó la polla, me escupió en los pechos e hizo que se la follara con ellos. Mientras le hacía esa cubana entre mis pechos doloridos, le chupaba la punta de la polla, que poco a poco se acercaba más y más a mi cara, hasta que me cogió la cabeza y me la metió entera en la boca llegando al fondo de mi garganta. Creo que podría asegurar que en ese momento tuve mi primer orgasmo con Él. Quería comerme aquella polla, que se corriera en mi boca, pero sólo la dejó allí un instante.

Me apartó la cabeza, se arrodilló en el suelo entre mis piernas, me atrajo hacia Él por las caderas y empezó a comerme el coño de una forma brutal mientras me agarraba los pechos y retorcía y pellizcaba mis pezones. A veces paraba y me mordía la cara interna de los muslos, los labios e incluso el clítoris. Jamás había sentido esa mezcla de dolor y placer pero quería más, necesitaba más, era adictivo. Y le quería a Él dentro de mí.

– ¡¡¡¡¡FÓLLAME!!!!! -grité-.

A lo que Él reaccionó, como si hubiera estado esperando que se lo pidiera, levantándose y levantándome a mí. Nos desnudamos en cuestión de segundos y, empujándome contra la mesa y separándome las piernas, me penetró por detrás como una bestia en celo: fuerte, duro, rápido. Me estaba follando como un animal, aguantándome la cara contra la mesa con una mano y azotándome en el culo con la otra, pellizcándomelo y masturbándome el clítoris alternativamente.

– ¡¡¡¡¡FÓLLAME, FÓLLAME, FÓLLAME, FÓLLAME, FÓLLAME…!!!!! -no podía parar de repetírselo, de gritarle sin parar que me follara, hasta que Él me tiró del pelo y me puso depié, sin parar de penetrarme una y otra vez, me agarró un pecho con una mano mientras seguía masturbándome con la otra y me susurró al oído:

– Esto es sólo el principio, el principio de todo ¿me oyes? -yo asentí con la cabeza mientras gemía y Él, con un movimiento rápido, me dió la vuelta, me cogió por el culo y, levantándome en alto, me penetró contra la pared y empezó a follarme de nuevo mientras decía- a partir de ahora eres mía, tu coño es mío, tu culo es mío, tu boca, tus pechos, todo tu cuerpo es mío. Me los comeré y me los follaré cuando quiera ¿entendido? Te obedeceré ante todos pero en la intimidad seré tu dueño, tu amo, tu señor, y tú serás mi esclava, mi puta, mi objeto de placer. No habrá límites, ni reglas, ni tabúes, todo estará permitido. Ya no hay vuelta atrás, eres mía Victoria…

– Soy tuya, soy tuya, soy tuya… -le repetí gimiendo una y otra vez hasta que nos corrimos juntos y acabamos desplomados en el sillón, sentada a horcajadas sobre Él, con su polla aún dentro de mí, con Él aún dentro de mí.

Minutos después Él parecía dormido, así que me levanté y fui a mi baño. En el espejo pude ver las “heridas de guerra”: el maquillaje corrido, las magulladuras y arañazos en mis pechos, mis caderas, mis muslos…

– En el culo también tienes… -dijo Él apareciendo tras de mí- es la parte mala de esto, los daños colaterales… -quise hablar pero Él me cortó de nuevo- Victoria escúchame: lo que ha pasado esta noche y todo lo que te he dicho no ha sido fruto de la pasión ni de un arrebato. Yo soy así como me has visto y quiero exactamente lo que te he contado. En lo único que me retracto es en dar por hecho que tú lo aceptarás. Si no estás de acuerdo en continuar en esta línea, haré como si lo de esta noche no hubiera pasado.

Volví a mirarme en el espejo y, mientras acariciaba mis pechos magullados y doloridos, Él se acercó por detrás, me abrazó y acariciando también mis heridas me dijo al oido “quiero poseerte Victoria, pero también quiero hacerte el amor” y cogiéndome de la mano, me llevó hasta el sofá, recorrió mi cuerpo besando cada magulladura, cada arañazo, hasta que me hizo el amor de la forma más dulce que me lo habían hecho nunca. Ése sí fue el principio de todo…

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