Juegos de manos: mucho más que caricias…

No he sabido nada de Él en todo el día. No ha pasado por mi despacho ni yo he querido llamarle. No pensé que esta travesura de venir sin ropa interior  fuera a tomársela tan a pecho. De pronto se abre la puerta y aparece Él.

– Ya no queda nadie. -dice cerrándola tras de sí-.

– He perdido la noción del tiempo.

Ni siquiera se acerca a mi mesa. Se sienta en el sofá, al lado de la puerta. Soy yo la que tiene que acercarse y hablar.

– ¿Tan grave es lo que he hecho? 

Él mete la mano bajo mi falda y me acaricia el coño sin decir nada. Tras unos minutos de caricias en silencio empiezo a lubricar.

– Te ha costado… -dice esbozando una sonrisa y atrayéndome hacia Él con la otra mano, hasta que me siento a horcajadas sobre sus rodillas-. Sé que he estado frío, pero no hubiera podido contenerme si te hubiera tenido cerca hoy. -dice mientras empieza a masturbarme y me desabrocha la blusa a la vez.

Yo le ayudo en silencio terminando de quitarme la blusa y quitándome el sujetador. Acaricia mis pechos suave y lentamente, mientras de igual modo empieza a penetrarme con la mano. Primero un dedo, luego dos, tres, y por fin cuatro, mientras me estimula el clítoris con el pulgar. Mis caderas empiezan a moverse solas al ritmo de esa penetración manual, mientras con la otra mano juguetea con mis pezones. Los pellizca y los acaricia alternativamente hasta que se centra en el derecho: frota la palma de la mano sobre él, lo coge con la punta de los dedos y juega con él como si fuera una bolita, lo pellizca, lo aprieta y lo estira mientras observa cómo me muerdo el labio para no gemir.

Le da toquecitos con el dedo, como si estuviera jugando a las canicas, y empieza a darle azotitos, cada vez más fuerte, hasta que de repente se acerca a él y lo muerde haciéndome dar un grito de placer durante el que me corro en su mano, acabando desplomada y jadeando sobre su hombro.

Cuando consigo recuperar el aliento, le desabrocho la camisa y realizo con sus pezones el mismo ritual que ha hecho Él con los míos, paso por paso, caricias, pellizcos, apretoncitos… hasta que su bragueta está a punto de rebentar.

Me levanto y me arrodillo entre sus piernas. Él sabe lo que quiero y se desabrocha y baja el pantalón, mientras que su polla sale prácticamente sola. Empiezo a chupársela poco a poco, centrándome en la punta, mientras acaricio sus testículos y juego con ellos, los lamo, los chupo y me los meto en la boca mientras sigo jugando con sus pezones. Me centro a la vez en la mamada y en el pezón derecho, metiéndome la polla hasta la garganta a la vez que le froto y aprieto el pezón con una mano y estimulo sus testículos con la otra.

Está a cien, mueve las caderas hacia mi cabeza mientras me llama “puta” entre jadeo y jadeo, hasta que me coge de la cabeza y marca Él el ritmo y la profundidad, metiéndome la polla fuerte y rápido hasta el fondo de la garganta, donde la deja corriéndose mientras yo me corro con Él de nuevo.

Adoro que me folle así la boca…

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