El columpio

El columpio

En esta postura, el hombre puede estar bien acostado, o bien sentado, apoyando sus manos en la cama, suelo o donde sea que esté tumbado.

La mujer se sube a horcajadas sobre el pene, dándole la espalda a su compañero, y se coloca arrodillada o en cuclillas, según su equilibrio, y se agarra de los muslos, rodillas o tobillos de él, según su posición y la intensidad de movimiento.

Respecto a éste, el hombre tiene que limitarse a disfrutar, pues es la mujer la que se moverá para proporcionarle placer y proporcionárselo a ella misma, pues es quien controla la profundidad de penetración y la dirección del pene según elija un movimiento de vaivén adelante y atrás, de mete-saca arriba y abajo o de rotación como una batidora.

Personalmente es una postura que me encanta, me encanta dar placer, y al mismo tiempo yo “gestiono” el placer que recibo porque me lo autoproporciono eligiendo con qué tipo de movimiento gozo más.

Como ya he dicho, el hombre tiene que limitarse a recibir placer, pero si no quiere permanecer pasivo (porque algunos hombres eso de que “se los follen a ellos” no les parece masculino), puede mover las caderas y participar en la penetración, puede intervenir también acariciando los pechos y jugando con ellos, masturbando el clítoris o jugar con el culo de la mujer (si ella acepta este tipo de juegos) dándole azotitos, magreándole las nalgas o introduciéndole un dedo en el ano. Esto último sirve también como preliminar para preparar el terreno por si se quiere seguir con sexo anal.

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