Muñequeras ortopédicas

Muñequeras ortopédicas

Sí, has leído bien, muñequeras ortopédicas, esas muñequeras acolchadas, que se cierran con velcro y tienen una cinta para atar a la cama a l@s enferm@s que sufren crisis o ataques, o simplemente para que no caigan de la cama.

Una de las razones por las que da aprensión realizar prácticas de tipo BDSM como atar o que te aten a una cama, es porque, como hemos visto en el cine o en internet, los utensilios utilizados tienen un aspecto duro de por sí, como las muñequeras de cuero, por ejemplo.

Su sólo aspecto ya inspira desconfianza, pues son rígidas, por lo que se presupone que hacen daño y dejan marcas. Además la mayoría llevan cadenas o enganches de hierro, por lo que provocan una sensación de indefensión.

Por otra parte, otro motivo completamente distinto para no realizar estos “numeritos”, es el tener que pasar la vergüenza de entrar en un sex-shop a comprar estos utensilios. En pleno siglo XXI, todavía hay personas que sienten pudor e incluso miedo de que les vean entrar a estas tiendas, o incluso se autocensuran ellas mismas.

Una opción, como ya indiqué en un anterior artículo, son las esposas, las cuales ya puedes encontrar casi en cualquier sitio, o “remedios caseros” como cintas, cables, cuerdas, cinta aislante…

Pero si lo que quieres es vivir esa sensación BDSM sin tener que pasar la vergüenza de ir a comprar unas muñequeras de cuero a un sex-shop, sin miedo a las marcas, y con la tranquilidad de poder quitarte las ataduras tú mism@ si ves que la cosa se desmadra, la solución son unas muñequeras ortopédicas:

– Las compras en una farmacia o en una tienda de ortopedia, por lo que no pasas ninguna vergüenza. A no ser que el/la farmacéutic@ se sepa tu vida y sepa que no tienes a nadie que atar con eso, por lo que te sugiero que vayas a una farmacia que no sea tu farmacia habitual.

– No habrá dolor ni marcas, pues son acolchadas. Puedes retorcer la mano todo lo que quieras, luego no habrá señales ni daños.

– Se atan a la cama con cintas, no con cadenas, y se cierran con velcro, no con hebillas o candados, por lo que no hay sensación de indefensión, y si la hay puedes liberarte, si quieres…

Tanto con muñequeras como con esposas, cuerdas, cintas, etc., las camas ideales para practicar este tipo de ataduras son las que tienen cabezal de forja o madera, pero con barras o barrotes, pues para la persona atada, la postura es más cómoda si se le ata al cabezal, que si se le ata a los laterales o a las patas de la cama. Además así deja todo su cuerpo accesible a su compañer@ de sexo.

Te recomiendo que, si vas a cambiar de cama, la compres con este tipo de cabezal, yo así lo hice, porque cuando la vi tuve claro que tenía un gran número de posibilidades, atada o sin atar.

Muñequeras cuero

 

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Mordaza

Mordaza bola con agujeros

También llamado “mordedor”. Si has visto alguna película o vídeo BDSM, sabrás que es usada mayoritariamente en el sexo-sado.

Existen diferentes modelos en el mercado del sexo: de bola, de tubo, de lengua… Objetos que se introducen en la boca y se sujetan a la cabeza con una cinta ajustable.

Los de bola pueden ser de una pieza o con agujeros para asegurar la respiración. Para los que se inician en el sado es más seguro, porque todavía no controlan.

Recientemente me regalaron una de bola con agujeros, y he de decir que sólo el momento de probármela ya fue muy excitante.

Me hubiera gustado sacarle más partido, pero ésa fue la única vez que pude utilizarla, a excepción de una sesión de fotos desnuda con otros objetos BDSM como antifaz, bridas, esposas y una fusta, que tampoco he podido utilizar.

Puede que su imagen resulte dura e incluso a ciertas personas sensibles les asuste, pero si te apetece iniciarte en este tipo de prácticas y encuentras una persona en la que confíes plenamente para realizarlas, adelante.

Sólo por ver el brillo de ojos que causa en esa persona tenerte así sometid@, vale la pena. Yo sueño con volver a verlos una vez más.

Mordazas tubo

“Sola” y “Desátame” de Mónica Naranjo

Estas canciones no son exactamente para la intimidad con tu pareja, tu amante, tu follamig@…

Más bien al contrario, hablan del desasosiego y la frustración que se siente cuando, en la inmensidad de una cama vacía, echas de menos el calor y la pasión de esa persona, su cuerpo, su respiración, sus caricias, su olor, su sudor…

Porque tod@s nos hemos sentido así más de una vez ¿verdad?

“Sola” de Mónica Naranjo

“Desátame” de Mónica Naranjo

de La piel de Victoria: placer y deseo Publicado en Música

Con gabardina y a lo loco

Con gabardina y a lo loco

Abro el armario del baño y cojo el frasco de Aloe Vera. Me dirijo con él hacia el dormitorio, a ver si con suerte Él ya se ha despertado y puede darme un pequeño masaje de Aloe en los pechos. Me asomo al quicio de la puerta y, para mi desilusión, Él sigue durmiendo, así que entorno la puerta y voy a darme el masaje yo misma al salón.

Recostada en el sofá, deslizo un chorrito de Aloe en espiral por mi pecho izquierdo, acabando con una pequeña montañita en el pezón. Y repito la misma operación con el derecho. Es curioso, pero se me han pegado sus manías de en qué orden hacer las cosas.

Me tumbo totalmente en el sofá y me froto los pechos con el Aloe, dándome friegas en círculos en un patoso masaje. Aquí acostada, completamente desnuda y con mis pechos doloridos entre mis manos, me acuerdo de nuevo de aquella tarde, de la gabardina, de mis fantasías con ella. Es casi un fetiche, un objeto recurrente a la hora de imaginar encuentros “distintos”. Una fantasía reciente, muy reciente, vuelve a enfundarme en ella.

Me presento sin avisarle en una de nuestras empresas asociadas en las que Él colabora. Ya había estado antes, y sabía a qué hora le encontraría sólo. Subo hasta la sala y allí está, sólo, incluso parece esperarme.

Sin mediar palabra, entro y cierro la puerta, arrastrando una silla y pegándola a ella. Él entiende la invitación y se acerca hasta mí y, empezando a desabrocharme la gabardina, se sienta en la silla. Me coloco frente a Él y termino de quitarme la gabardina, quedándome completamente desnuda.

– No me gusta nada esta sala para follar.

– ¿Por qué? -le pregunto mientras me agacho a desabrocharle el pantalón-.

– Demasiadas ventanas, demasiada luz.

– Eso tiene fácil solución -le contesto levantándome, cogiéndome la gabardina de ambos lados y cubriéndonos con ella-. ¿Mejor así?

– Mejor. -contesta Él levantándose un poco para besarme, bajándose la ropa y sentándose de nuevo-. Ven aquí.

Bajo esa improvisada carpa, Él me atrae haciendo que me monte a horcajadas sobre su polla, la cual me introduce de una vez y hasta el fondo.

Nos movemos despacio, sabemos que tenemos tiempo para disfrutar el momento. Follamos lenta y deliciosamente, sintiendo cada penetración, profundas y placenteras. Acaricia mi espalda, mi culo y mis pechos mientras no dejamos de besarnos.

Cuando empieza a jugar con mis pezones y a pellizcarlos, mis caderas empiezan a moverse más deprisa, como si hubiera arrancado un motor y estuviera apretando el acelerador.

Estamos a punto de estallar, de corrernos juntos, ambos lo notamos al mirarnos a los ojos, y nos abrazamos lo más fuerte que podemos, como si de ello dependiera nuestra vida, explotando en una espiral de orgasmos incontrolables que nos deja exhaustos en ese abrazo de placer.

Una tortura, un placer

Una tortura, un placer

Ya es casi mediodía. Él está dormido a mi lado, ha caído rendido, exhausto. Normal, yo he dormido algo más que Él, pero Él se ha “movido” más. Me levanto despacio y lentamente me pongo la bata y voy al baño.

La imagen que el espejo me devuelve es otra muy distinta de la que me devolvía ayer a estas horas: ojos cansados, ojeras, un chupetón en el cuello, algún arañazo hacia el escote…

Traslado mi mirada desde el escote del espejo hasta el de mi cuerpo, paso mis dedos sobre él, notando su textura, y continúo bajando hasta abrir completamente la bata.

Miro de nuevo al espejo y compruebo los daños colaterales de las horas pasadas: más arañazos, petequias en los pechos, moraduras incipientes…

Algunas marcas duelen, un dolor molesto. Otras en cambio, como las irritaciones de los pezones, tienen un reflejo en lo más profundo de mi coño, una sensación inversa de placer. Sí, pican, escuecen al frotarlos, sin embargo noto cómo mi coño se está hinchando al mismo tiempo. Y mojándose…

Me encanta esa sensación que deja en mis pechos cada vez que “juega” con ellos.

Recuerdo una tarde en la que recibí una llamada suya, diciéndome que venía hacia aquí y que le esperara en bragas y bata y, aunque reconozco que no las tenía todas conmigo de que apareciera, obedecí sus órdenes y me dispuse a prepararme como él dijo, por si finalmente aparecía y reclamaba tomar mi cuerpo, mis pechos, mi coño…, o mejor dicho su cuerpo, sus pechos, su coño… su puta.

Decidí sorprenderle con algo nuevo, una lencería “distinta” que tenía guardada para un numerito que estoy reservando para un día como hoy, en el que no hay tiempo límite, ni horario, un día en el que podemos explayarnos en disfrutar sin control. Sí quizá hoy.

Me puse la bata pero me moría de frío, ni siquiera delante del calefactor entraba en calor, así que se me ocurrió montármelo rollo exhibicionista y ponerme la gabardina sobre la lencería. Mientras lo hacía, recordaba otras muchas fantasías en las que esa prenda es la protagonista, como en la que iba a trabajar de igual modo pero completamente desnuda bajo la gabardina, o aparecer de esta forma en su casa y follármelo en cuanto me la quitara.

Estas fantasías, unidas a la esperanza de que de verdad apareciera, hicieron que mi coño se mojara, “inaugurando” el culotte nuevo, cuando el timbre me sacó de mis elucubraciones calenturientas.

Mientras dejaba sus cosas recibió una llamada, durante la cual no podía dejar de mirar la erección que traía bajo sus pantalones abultados, pero cuando terminó, ni siquiera me dejó tocarla.

Poco a poco fue abriendo la gabardina, dejando al descubierto mis pechos, con los pezones erectos por una mezcla de frío y excitación, sobre el corte bajo del sujetador, diseñado especialmente para el tipo de juegos que sé que le encantan.

Se agachó ante mí y chupó y mordió el pecho y pezón izquierdos, e hizo lo mismo con el derecho, haciéndome más daño en éste. Nuevamente volvió a chupar el izquierdo, sólo chupar. Y después el derecho.

Mientras terminaba de quitarme la gabardina, Él cogió unas bridas y me las colocó en los pechos, como siempre metódicamente, primero en el izquierdo y luego en el derecho, y nuevamente los chupó en ese orden, y apretando cada vez más las bridas.

Mis pechos estaban totalmente ya aprisionados, endurecidos, y los apretaba en sus manos como frutas maduras, y después me colocó una pinza en cada pezón, que me provocaron sendos reflejos de placer en lo más profundo de mi coño ardiente.

Cuando me retiró las pinzas, se sentó y chupó de nuevo mis pezones alternativamente.

Me encanta que me los chupe, la succión me deja los pezones mucho más sensibles que las mordeduras, de modo que las bofetadas de después tuvieron en su dolor otro reflejo de placer en mi coño, que estaba cada vez más mojado e hinchado, tanto como su polla, que se marcaba en el pantalón de una manera brutal.

Quería tocarla, quería que sintiera mi coño aunque fuera a través de la ropa, que notara el calor y la humedad de mi coño contra ella, que estaba totalmente dispuesto y preparado para que se lo follara y, aunque llegué a cubrirla a horcajadas y frotarla un par de veces contra mi coño, de una forma cruel me apartó diciéndome “hoy no vas a tener polla, ya tuviste polla el otro día”. Sí, fue cruel, o me lo pareció en ese segundo, durante el que me estaba negando darle placer.

Mientras se levantaba y durante otro eterno segundo, pensé que iba a marcharse y mi lívido cayó en picado dejándome fría, helada, hasta que le vi bajarse la ropa y sentarse de nuevo, ordenándome que le chupara la polla.

Todavía desconcertada por esos cambios de registro, me arrodillé y me metí la polla en la boca, chupando primero sólo la punta, intentando descifrar cuál sería el siguiente giro inesperado. Pero cuando me empujó despacio la cabeza contra su polla, y ésta hacia el fondo de mi garganta empujando sus caderas, pronunciando mi nombre “Victoria”, tuve claro lo que quería: placer oral. Y eso es algo que me encanta darle, disfruto dándole placer.

Saqué su polla de mi boca y me recogí el pelo con una pinza, segundos que Él aprovechó para acariciar mis pechos, todavía aprisionados por las bridas y, antes de continuar con la felación, se hizo una pequeña cubana con ellos, mientras yo lamía la punta de su polla, sobresaliente entre mis pechos, hasta que en una de esas subidas, me la meto de nuevo en la boca.

Pronto el movimiento de mi cabeza fue sustituido por el de sus caderas, que me metían su polla hasta el fondo de la garganta. Me estaba follando la boca y, aunque de nuevo me había quitado la opción de ser yo la que le diera placer, dejé que continuara, porque sé que esa sensación también le encanta.

El premio a mi paciencia llegó cuando, después de decirme que eso le hacía feliz, se corrió de una manera abundante y brutal en mi boca, sintiendo el bombeo de su polla en mi garganta y su palpitación en mi labio inferior.

Cuando estos cesaron, y con la boca a rebosar de su esencia de macho derramada en ella, continué chupando su polla lentamente, para resarcirme de haberme quitado antes la opción de hacerlo, y para no estropear ese momento de compenetración e intimidad con algo tan vulgar como ir a escupir una eyaculación.