Castigada

Castigada

Me pregunto qué habrá ido a buscar, porque si quisiera castigarme sin nada me hubiera azotado el culo, o hubiera seguido con las bofetadas en los pechos, que están llenos de su esencia. Los junto con mis manos y agacho la cabeza para olerlos aspirando profundamente cuando escucho “chúpalos”.

Levanto la mirada y ahí está de vuelta, acercándose con algo escondido en la espalda.

– ¿No me has oído? Chúpalos zorra. Chupa mi semen.

Sin retirar mis ojos de los suyos, agacho de nuevo la cabeza y me chupo los pezones, lamiéndome el canalillo y relamiéndome los labios para terminar.

– Muy bien Victoria. Ahora voy a castigarte. Tenías que correrte para mí, tú sola, y has hecho que te ayude, y que me corra sin poder follarte, así que ahora vas a pagar tu desobediencia. Cógete los tobillos y separa bien las rodillas.

Obedezco bajando la cabeza para esconder una sonrisa. Sé lo que va a hacer y lo que lleva escondido, un vibrador con el que va a follarme, ahora que se ha corrido.

– Victoria mírame, quiero verte la cara.

Levanto la cabeza bien alta, todo lo que puedo en esa postura, incluso saco pecho desafiante, soberbia, hasta que escucho el sonido del golpe y el escozor en mi coño.

– ¡¡¡¡¡AAAAAH!!!!! -grito llevándome las manos al coño-.

– Las manos a los tobillos puta, esto no ha hecho más que empezar.

Jadeando, no sé si por el dolor o por la excitación, llevo de nuevo las manos a los tobillos.

– Muy bien. ¿Te ha dolido? -pregunta mientras con una mano se da toques con una regla en la palma de la otra-.

– ¿Una regla? ¿Me has pegado con una regla?

– Así es. Parece un instrumento inofensivo ¿verdad? Pero como tienes el coño inflamado, el mínimo toque te va a escocer de lo lindo -me dice pasándome la punta de la regla por la raja del coño-. ¿Lista? -pregunta chupando la punta de la regla-.

– Pégame -le digo escurriéndome un poco y separando más las rodillas-.

ZAS ZAS ZAS. Mi coño recibe 3 reglazos seguidos que me provocan una mezcla de escozor y placer.

Jadeo, Él jadea también, está excitado, y lo provoco aún más sacando pecho, invitación que acepta de inmediato dándome 2 reglazos en cada pezón.

– ¡¡¡¡¡AAAAAH!!!!! -grito agarrándome los pechos-.

Él sale de nuevo del salón y vuelve a los pocos segundos con unas bridas, me aparta las manos y me las coloca en los pechos bien apretadas.

– Las manos a los tobillos Victoria.

Obedezco y al momento mis pezones reciben más reglazos, y mi coño, y mis pezones, y mi coño, y de nuevo mis pezones…

Y en medio de un concierto de jadeos de placer, suspiros de alivio en las pausas y gritos de dolor, se arrodilla ante mí soltando la regla, me agarra por las caderas y me arrastra hasta su polla, metiéndomela hasta el fondo del coño mientras me muerde los pezones gruñendo entre dientes “esto es lo que pasa cuando me retas Victoria”.

Me agarra de las muñecas y me pone las manos por encima de la cabeza, mientras sigue devorándome los pechos y embistiéndome de una manera animal.

– No volveré a retarte…

Al oir estas palabras Él para lentamente, retirándose poco a poco, por lo que acabo en el suelo, con los brazos en el sofá.

De rodillas frente a mí, se acerca y me dice al oído:

– Nunca dejes de hacerlo. Date la vuelta.

Obedezco a la vez que intento entender esta contradicción, quedándome de rodillas cara al sofá, cruzando los brazos en éste y apoyando la cabeza encima.

Él acaricia mi pelo, después mi espalda, mi culo y de repente ZAS reglazo. Y ZAS ZAS ZAS 3 más, 2 reglazos en cada nalga, para acabar penetrándome por el culo diciéndome “nunca dejes de retarme Victoria, porque así podré castigarte” y me folla lentamente, liberándome de las bridas y acariciándome los pechos, hasta notar cómo se derrama en mi interior.

Yo te miraré. Sólo te miraré.

Yo te miraré. Sólo te miraré.

– ¿Divirtiéndote sin mí?

Miro hacia la puerta y allí está Él, apoyado en el umbral, masturbándose mientras me mira.

– ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

– El suficiente para comprobar cómo te das placer cuando no estoy. Espero que por lo menos estuvieras pensando en mí.

– No estaba masturbándome -le digo mientras me siento-, pero sí estaba pensando en tí.

Avanza hacia mí y, sin dejar de masturbarse, se arrodilla a mis pies.

– ¿Y en qué pensabas para estar tan hinchada -dice acariciándome el coño- y tan mojada? -añade introduciéndome 2 dedos-.

Mi contestación es un acto reflejo, subiendo los pies al sofá y flexionando y separando las rodillas para que tenga total acceso a mi coño, mientras me acaricio los pechos y me pellizco y estiro los pezones.

– De eso nada -dice sacándome los dedos del coño y chupándoselos a conciencia-. Joder qué bueno está tu coño nena. Dame más. Quiero ver cómo lo haces, cómo te das placer, cómo te corres. Mientras prepararé mi polla para darte aún más placer. Yo te miraré, sólo miraré.

Lentamente deslizo mi mano derecha hasta mi coño. Es verdad que está hinchado y muy mojado. Está muy sensible y cada vez que subo y bajo los dedos por él me estremezco de placer.

Mientras Él frota lentamente su polla y se muerde el puño reprimiéndose para no tocarme. Está muy excitado, lo veo en sus ojos y en la tensión de su mandíbula, mordiéndose los nudillos, cuando lo que yo quisiera es que esos dientes estuvieran clavándose en mis pezones.

Aumento la velocidad de mis dedos, centrándolos en el clítoris con movimientos circulares, mientras con la otra mano le arranco la suya de la boca y me la llevo al pecho, al que se agarra con una fuerza brutal, lo que provoca una reacción instantánea en mi coño, que hace que me corra y, como tiene ambas manos ocupadas, Él hunde su cabeza en mi coño absorbiendo toda mi esencia, sin dejar de masturbarse, hasta que se pone en pie y se corre sobre mis pechos.

– Has hecho que me corra puta, eso no era lo que te he ordenado  -me dice restregándome su semen por los pechos, cuando de repente los abofetea y dice- ahora, en lugar de tener placer, vas a tener dolor.