Yo te miraré. Sólo te miraré.

Yo te miraré. Sólo te miraré.

– ¿Divirtiéndote sin mí?

Miro hacia la puerta y allí está Él, apoyado en el umbral, masturbándose mientras me mira.

– ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

– El suficiente para comprobar cómo te das placer cuando no estoy. Espero que por lo menos estuvieras pensando en mí.

– No estaba masturbándome -le digo mientras me siento-, pero sí estaba pensando en tí.

Avanza hacia mí y, sin dejar de masturbarse, se arrodilla a mis pies.

– ¿Y en qué pensabas para estar tan hinchada -dice acariciándome el coño- y tan mojada? -añade introduciéndome 2 dedos-.

Mi contestación es un acto reflejo, subiendo los pies al sofá y flexionando y separando las rodillas para que tenga total acceso a mi coño, mientras me acaricio los pechos y me pellizco y estiro los pezones.

– De eso nada -dice sacándome los dedos del coño y chupándoselos a conciencia-. Joder qué bueno está tu coño nena. Dame más. Quiero ver cómo lo haces, cómo te das placer, cómo te corres. Mientras prepararé mi polla para darte aún más placer. Yo te miraré, sólo miraré.

Lentamente deslizo mi mano derecha hasta mi coño. Es verdad que está hinchado y muy mojado. Está muy sensible y cada vez que subo y bajo los dedos por él me estremezco de placer.

Mientras Él frota lentamente su polla y se muerde el puño reprimiéndose para no tocarme. Está muy excitado, lo veo en sus ojos y en la tensión de su mandíbula, mordiéndose los nudillos, cuando lo que yo quisiera es que esos dientes estuvieran clavándose en mis pezones.

Aumento la velocidad de mis dedos, centrándolos en el clítoris con movimientos circulares, mientras con la otra mano le arranco la suya de la boca y me la llevo al pecho, al que se agarra con una fuerza brutal, lo que provoca una reacción instantánea en mi coño, que hace que me corra y, como tiene ambas manos ocupadas, Él hunde su cabeza en mi coño absorbiendo toda mi esencia, sin dejar de masturbarse, hasta que se pone en pie y se corre sobre mis pechos.

– Has hecho que me corra puta, eso no era lo que te he ordenado  -me dice restregándome su semen por los pechos, cuando de repente los abofetea y dice- ahora, en lugar de tener placer, vas a tener dolor.

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