Una comida tras otra

Una comida tras otra

De nuevo en la ducha, casi retorciéndome por el escozor que me provoca el agua caliente al rozar mis pechos arañados. ¡Dios cómo echo de menos una bañera! Sumergidos en el agua los sentiría más aliviados.

Salgo de la ducha e intento ponerme el albornoz, pero me molesta bastante. Ni siquiera aguanto el contacto del camisón de satén que me pongo, así que me saco los tirantes y lo dejo suspendido en la cintura.

De nuevo me unto aloe-vera y me los masajeo suavemente. “¡Joder cómo escuece!”

– ¿Decías algo Victoria? -pregunta Él desde la cocina- La pasta está lista. Sal ya.

Con las manos empastradas de aloe-vera, cojo el tanga con los dientes y salgo masajeándome los pechos hasta la cocina.

– Joder nena, ¿aún quieres más? -pregunta haciéndose el gracioso quitándome el tanga de la boca.

– Muy gracioso. Pónmelo anda, que tengo las manos sucias. 

– ¿Por qué? Estás mejor así, más accesible -me dice dejando el tanga en la mesa, agarrándome por el culo y atrayéndome hacia Él-. ¿Te has secado bien o aún estás mojadita por algún rincón? -pregunta besándome y acariciándome el coño-.

– Eres insaciable. Me gusta. Aunque luego tenga más marcas que un mapa de metro.

– Ven anda, siéntate. Yo te lo curaré -dice sentándose y atrayéndome hacia Él hasta sentarme a horcajadas sobre sus muslos-, al fin y al cabo te lo he hecho yo.

– Se va a enfriar la pasta.

– Luego se calienta, esto es más importante -contesta echándome aloe-vera en ambos pechos y empezando a masajearlos-. También me gusta cuidarte Victoria.

– ¿De verdad? -le pregunto intentando obviar que el masaje de pechos me está calentando el coño poco a poco.

– De verdad. Tienes que durarme. Aún tenemos que hacer muchas cosas -dice pellizcándome los pezones-.

– Lo dicho, eres insaciable. Doy fe.

– Y yo doy fe de que te gusta, tu coñito está mojándome los muslos.

Joder no me he dado cuenta. Los pellizcos han hecho que empiece a lubricar.

– Bueno, puedes parar ya. Ya no queda aloe-vera -le digo levantándome-.

– Espera. Yo también quiero un masaje -dice agarrándome de la muñeca-.

– ¿Tú? ¿Dónde?

– ¿Dónde va a ser? Donde me has dado caña tú a mí -dice bajándose y quitándose el boxer y sentándose de nuevo-. Dame el frasco de aloe-vera.

Vuelvo a sentarme a horcajadas sobre Él y empiezo a masturbarle, mientras me echa más aloe-vera en los pechos y empieza a masajear de nuevo.

– Despacio nena, esto es para relajarnos -me dice mientras sus dedos resbalan por mis pechos y me frota los pezones con los pulgares-. Bien, así nena, así, mmmmm…

Me encanta tener su polla en mis manos, acariciarla, casi tanto como tenerla en la boca y chuparla. Enseguida está dura, y así me gusta aún más.

– Para Victoria, ufff… si sigues voy a correrme y no quiero. Ven… -me acerca hacia Él y me penetra lentamente-. No te muevas ¿vale? Sólo quiero sentirte y que me sientas. Y seguir acariciándote…

Rodeo su cuello con mis brazos y nos besamos, mientras Él sigue acariciando mis pechos. Y está dentro de mí, lo siento, pero quiero sentirlo más, y que me sienta, así que empiezo a hacerle un carrete, contrayendo la vagina y masturbándole así con ella.

– Victoria me estás follando -dice con sus labios en los míos y apretándome los pechos-.

– ¿Quieres que pare?

– No -dice soltándome los pechos y cogiéndome el culo atrayéndome hacia Él-. Fóllame Victoria.

Empiezo a mover mis caderas como una loca, como una batidora mientras Él me atrae cada vez con más fuerza hacia su polla, aplastándome contra Él como si buscara lo más profundo de mi coño con ella, hasta que me corro cayendo desplomada sobre Él. Pero ahí no ha acabado todo…

– Levántate puta, ahora me voy a ir yo -dice empujándome hasta que me levanto, y se levanta tras de mí, corriéndose en el plato de pasta-. Madame bon appetit. Cómetelo.

– ¿Quieres que me coma la pasta donde te has corrido?

– Es la salsa especial de la casa, y ya no hace falta calentarla. Cómetela puta -me ordena cogiendo el plato y poniéndomelo en la cara-, vamos.

Sin dejar de mirarle a los ojos, deslizo mi lengua por la montaña de pasta bañada por su semen, cojo un tallarín y, metiéndome la punta en la boca, lo absorvo hasta que está todo dentro y me limpio los labios con la punta de la lengua. El brillo de sus ojos se intensifica, deja el plato en la mesa lentamente, me tumba en ella, me echa de nuevo aloe-vera en los pechos y empieza a masajearlos de nuevo, mientras me come el coño lentamente, muy lentamente, tanto que incluso recupera la erección y me penetra y se queda dentro de mí, inmóvil, mientras sigue masajeándome los pechos.

– Mastúrbate Victoria.

Obedezco inmediatamente y el placer es sublime: mientras froto mi clítoris Él sigue dentro de mí, acariciando y frotando mis pechos y mis pezones, y me corro de  nuevo tan abundantemente que Él se libera de mi coño y se agacha a lamerlo, una  y otra vez, hasta que se sienta a mi lado en la mesa y me dice “esto era lo que quería”.