Preparando la tortura

Preparando la tortura

 

La noche va cayendo sobre la ventana. No puedo creer que llevemos juntos un día entero, si no fuera porque mi cuerpo está hecho polvo,  dolorido y magullado.

Está empezando a llover. Me levanto para cerrar la ventana y salgo al salón a cerrar el balcón. Cuando me doy la vuelta lo veo en el quicio de la puerta, vestido y recogiendo sus cosas.

– ¿Te vas? Creí que ibas a pasar estos días conmigo.

– Victoria ha sido un día increíble,  pero si no me voy no vas a descansar nada. Si me quedo voy a seguir torturándote. Tu dolor es mi placer.

– Me encanta que me tortures. ¿Por qué si no he comprado la fusta, las bridas, las pinzas…? He comprado unas con imanes para los pezones y…

– Basta -suelta cortándome-. Sácalo todo -dice cambiando su actitud y empezando a dejar sus cosas- rápido. No olvides la fusta.

Voy a la habitación y cojo la caja, nuestra caja, donde guardo sus “instrumentos de tortura”, y la fusta. Qué ganas tengo de estrenarla… Cuando vuelvo al salón veo una silla que ha colocado en el centro, me coge las cosas y me dice que me siente a horcajadas. Obedezco mientras veo cómo rebusca en la caja y saca unas bridas, que me coloca en los pechos superapretadas. A continuación saca una cinta y me los ata con fuerza, y con un fular rodea mi cuello y ata una vez más mis pechos. Después saca la mordaza y me la ata a la boca, para finalizar atándome las manos a la espalda.

– Es un lazo simbólico. Puedes soltarte cuando quieras.

(No quiero soltarme joder, quiero que sigas. Sométeme. Tortúrame. Lo estoy deseando ¿no lo ves? Soy tu esclava, tu puta, tu sumisa. Si no tuviera este trasto en la boca te lo gritaría).

Mientras le grito esto mentalmente, Él me pone las pinzas de imanes en los pezones. Parecen inofensivas, sin embargo llegan a doler y me las quita. Coloca mis pechos por encima del respaldo de la silla, los acaricia, los pellizca y los estira. Me está poniendo a cien, Él ya está a cien.

Se quita los pantalones y el boxer y su erección es impresionante. “Mira, para que veas cómo estoy ya” me dice. Joder cómo me gustaría tenerla en el coño mientras me hace todo eso. “Vas a saber lo que es el dolor Victoria. Y tu dolor es mi placer”.

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