Deborándonos

Deborándonos

Este calor es agobiante. Se pegan las sábanas a la piel. No puedo dormir la siesta con este agobio, y con su cuerpo desnudo pegado al mío lo que menos me apetece es dormir. Me revuelvo en la cama una y otra vez hasta que me siento.

– Victoria deberías descansar.

– No puedo, no soporto este calor. Voy por el ventilador.

Salgo a por el aparato y cuando vuelvo, la escena es inédita: Él está tumbado bocaarriba en mi cama, tranquilo, relajado, mirándome. Esa imagen se ha grabado a fuego en mi mente para siempre. Jamás lo había visto con tanta serenidad, con tanta paz. “Ven” me dice alargando el brazo hacia mí.

Dejo el ventilador en el suelo, ni siquiera lo enchufo, y le tomo de la mano. Él me atrae hasta la cama, hasta su cuerpo, y acabo arrodillada entre sus piernas con su polla ya erecta en mi boca.

Pocas veces me deja darle placer así a mi voluntad, dejándome decidir el ritmo, la profundidad, y me encanta. Está absolutamente relajado, limitándose a disfrutar de la felación. No sé quién está disfrutando más, si Él  o yo. Parece que lee mis pensamientos, porque entonces pregunta “¿te gusta esto Victoria?”.

Yo recorro mis labios por su cuerpo y, acariciándole los pezones, le digo con sus labios en los míos “estaría haciéndotelo siempre”. “Entonces sigue” me contesta.

Mis manos acompañan a mis labios por todo su cuerpo, hasta que su polla vuelve a estar en mi boca. Acaricio sus muslos mientras chupo y lamo su polla una y otra vez. Quiero tenerla toda dentro, que me llegue al fondo de la garganta, y hundo mi cabeza contra su pelvis.

Entre mis propios gemidos escucho “ponme el coño en la cara” y levanto la vista para mirarle. “Ponme el coño en la cara” repite Él, y obedezco medio a regañadientes en mi mente, porque sé que Él disfruta dándome sexo oral, pero quería que ese momento fuera sólo suyo, que sólo disfrutara Él, darle placer únicamente oral, como tantas veces le había pedido y creí que había llegado el momento, pero cedo y me monto sobre su cara.

Me meto su polla de nuevo en la boca y agarro sus nalgas para empujarla al fondo de mi garganta, cuando noto mi clítoris presa de sus labios y su lengua. Joder qué bien me come el coño, es de las veces que más estoy disfrutando, cuando de repente siento que empieza a moverse y a follarme la boca. Sin darme cuenta había parado de mamarle la polla y ha tenido que moverse Él. Mi placer me ha distraído del suyo, ¡qué estúpida!

Intento concentrarme, olvidarme de mi placer y dedicarme sólo a proporcionárselo a Él. De nuevo agarro sus nalgas y empujo su polla al fondo de mi garganta. Joder me encanta, no sé dónde siento más placer, si en la boca o en el coño, porque no puedo evitar flaquear y sentirlo entre mis piernas, alternando ritmos y movimientos que me llevan al borde del orgasmo una y otra vez.

Empieza de nuevo a follarme la boca y centro toda mi atención en eso, en que disfrute, en que se corra, quiero su semen, ya no quiero alargar más esto, ya no. No es lo que yo quería, yo quería darle sexo oral horas y horas, darle placer ilimitado, pero necesito acabar porque me está matando de placer, mi coño está a punto de estallar y si me centro en mi orgasmo Él no llegará al suyo y me perderé su semen, su esencia, su sabor. (Córrete por favor, córrete en mi boca, dame tu semen, no me dejes sin él por favor, córrete en mí) me repito mentalmente una y otra vez hasta que se derrama en mí, en mi boca, y sorbo y chupo y trago sin parar, y chupo una y otra vez, empujando sus nalgas con mis manos llevando más y más profunda su polla en mi boca, hasta que noto que me voy, no sé si por el placer que siento en mi boca o en mi coño, pero me voy y de qué manera…

Caigo desplomada a su lado, abrazada a su muslo, y acariciando la punta de su polla, recogiendo los restos de semen que siguen saliendo y chupándome los dedos para no dejar nada. Es mío, lo he conseguido yo, y acaricio su polla con cariño, notando cómo va perdiendo la erección en mi mano. Nos quedamos así, en silencio y relajados durante unos minutos. No sé cómo se siente Él, pero para mí ha sido mejor que algunos polvos.

Me encanta darle ese tipo de placer, lo haría cada día, y algún día espero hacerlo únicamente para Él, chuparle la polla, lamérsela horas y horas. Su polla, mi boca, y nada más.

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