Mi dolor es su placer

Mi dolor es su placer

La tortura empieza con toquecitos suaves de frente en los pezones con la fusta. La sensación es de escozor más que de dolor, mis pechos están muy apretados y están extremadamente sensibles. Los toquecitos se convierten en toques, y estos en golpes.

Los golpes de frente dejan paso a  los fustigazos en vertical sobre todo el pecho. Duelen, pero no por los fustigazos, sino porque estos clavan las bridas en mis pechos, apareciendo inmediatamente grandes petequias.

Continúa con los fustigazos, pero ahora dirigiéndolos a la punta, a los pezones, en vertical en ambas direcciones, de arriba a abajo y de abajo a arriba. Estos sí duelen y gimo de dolor, pero quiero más y saco pecho.

Él aprovecha entonces para ponerme otras pinzas en los pezones, pero el dolor es bastante fuerte y me las quita, y sigue con los golpes de fusta. Yo me concentro en sentir el dolor, sé que lo está disfrutando, mientras sigo con la mirada su polla paseándose por delante de mí.

Por fin para y me quita el fular, las cintas y las bridas de los pechos. Hace que me levante y se sienta en la silla, acariciando mis pechos. “Te ha dolido ¿verdad? pobrecita, pobrecita” repite una y otra vez mientras chupa los pezones. “Date la vuelta” me dice y coge la cinta que ataba mis manos, que estaba suelta casi desde el principio, aunque han permanecido unidas.

Coge de nuevo la fusta y acariciando mi espalda y mi culo ZAS, fustigazo, uno tras otro, alternando las nalgas. Se levanta y hace que me tumbe en el sofá, bocaarriba, con las piernas abiertas y flexionadas. Intenta ponerme unas pinzas en los labios del coño pero desiste, creo que están tan mojados que se resbalan. Así que pasa la punta de la fusta por el coño y ZAS, fustigazo, haciendo que me retuerza de dolor.

– No te quejes, esa ha sido flojita -me dice, y es verdad, pero mi coño está tan hinchado y sensible que el golpe me quema-.

Sólo 3 o 4 fustigazos después, me penetra por fin y mi cuerpo se deshace de placer, ya no hay dolor, sólo placer. Al momento cambiamos al estilo perrito y mi excitación aumenta. Quiero más, le quiero en mi culo. Y una vez más Él lee mi mente, porque coge el lubricante y se pone a ello, a abrirse camino, a preparar mi ano para su polla.

Lo intenta una vez, otra, una más. Es doloroso pero quiero que siga, le quiero dentro de mi culo, hasta que por fin su polla está toda dentro y tengo que quitarme la mordaza de la boca para poder gemir libremente.

– ¿Te gusta Victoria?

– Sí amo -gimo-.

– ¿Te gusta?¿Estás disfrutando?

– Si amo.

– Quiero que tú también disfrutes Victoria. Me lo he pasado muy bien y ahora te toca disfrutar a tí.

– Sí amo, sí amo, sí amo, sí amo -no puedo parar de gemir, mi culo es un volcán de placer, hasta que se corre y cae desplomado en mi espalda-.

Tras unos momentos allí quietos, me saca la polla del culo y me quedo allí, arrodillada, reviviendo mentalmente cada segundo, cada golpe, cada penetración.

– ¿Te ha gustado?

– Me ha encantado -le contesto levantándome y besándole.

– Entonces ¿lo repetirías?

– Cuando quieras.

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