Sóla con la almohada

Sóla con la almohada

Salgo de nuevo de la ducha. ¿Cuántas veces van ya hoy? ¿Y masajes de aloe-vera en el pecho? He perdido la cuenta. Deambulo por la casa en tanga, untándome los pechos con aloe-vera y encontrando rastros de nuestro día juntos por todas partes: cojines, el camisón, otro tanga… todos míos.

No hay nada suyo, nada que me cerciore de que lo que ha pasado ha sido real, aparte de las marcas y heridas en mi piel. Tan sólo las sábanas de mi cama conservan algo esa mezcla de olor a sudor y sexo, y un casi imperceptible halo de su colonia o after-shave.

Me tumbo bocaabajo en mi cama, empotrando mi cara contra una de las almohadas, intentando respirar algo de esa mezcla de aromas sensuales, mientras coloco la otra entre mis muslos. Esto es lo más cerca que puedo estar de Él cuando no está.

Me gustaría quitarle una camisa sudada después de follarme y ponérmela cuando no está, mientras me masturbo llevando uno de sus bóxers. Estoy segura de que le encantaría una foto de mis pezones marcándose en su camisa o asomándose en su obertura. O quizá un vídeo con una mano masturbándome bajo su bóxer mientras me acaricio los pechos bajo su camisa y se los muestro lamiéndome los pezones.

Pero lo único que me queda de Él cuando se va es este olor, que también me está dejando. Mientras aspiro profundamente la almohada, aprieto fuertemente la otra contra mi coño, y éste contra ella, recordando su voz susurrándome al oído una y otra vez “puta, puta, puta”.

Después de varios minutos masturbándome con la almohada y con el clítoris destrozado, la lanzo contra el armario impotente y frustrada por haber sido incapaz de correrme sin Él.
Y es que yo sola soy capaz de provocarme infinidad de orgasmos, pero cuando lo que deseo es su polla dentro de mí, nada puede saciarme.

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