Doble dolor, doble placer

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Se incorpora agarrándose a mis pechos pero con su polla todavía dentro de mí, aún no ha perdido la erección.

¿Cómo te sientes? -pregunta empujando sus caderas contra mi coño-. ¿Puedes continuar?

¿Tengo elección? -le pregunto yo a Él-.

En absoluto putita mía. Sólo era una pregunta de cortesía. Pero me gustaría que te sometieras a mí voluntariamente Victoria, esa es tu obligación, eres mía, puedo hacer contigo lo que quiera, y me has obligado a atarte. No he traído las cuerdas para someterte, eso debes hacerlo voluntariamente, así que voy a decirte cómo va a ser todo paso a paso, para que sepas lo que quiero que hagas. No me decepciones otra vez Victoria.

Comienza a desatarme y a recoger las cuerdas, mientras continúa con los movimientos de cadera contra mi coño.

Estas son para luego, para atarte los pechos y hacerte pupita en ellos -dice dejando las cuerdas a un lado y agarrándome y chupándome los pechos-, hoy les voy a dedicar un buen rato. Estás bastante pasiva Victoria, estás dejando que pierda la erección y así no es como lo he planeado. Quiero follarte el culo mientras tu coño se recupera para meterte el puño. Así que vamos, quiero notar cómo contraes el coño, cómo me follas. Vamos -dice agarrándome y levantándome sobre Él para que dejarme cabalgando sobre su polla-. Veamos si eres capaz de ponerme firme de nuevo.

Poco a poco y aguantando el dolor y el escozor como puedo, empiezo a follarle. Con las pocas fuerzas que me quedan contraigo el coño para que mi AMO se ponga duro de nuevo. Levanto la mirada y puedo ver en sus ojos algo de decepción, no lo estoy logrando, joder…

Vaya, no pensé que acabaríamos así, la verdad. En fin, cambio de planes, te follaré el culo con el vibrador y después te meteré el puño por el coño hasta el fondo puta. No pienses ni por un instante que vas a librarte del dolor ni mucho menos a librarme a mí del placer de dártelo. Date la vuelta vamos.

Descabalgo y voy por el vibrador. Hace que me ponga a 4 patas con mi culo en su cara, y empieza a jugar con la lengua en mi ano. Y a un palmo de mi cara ahí está su polla, medio inerte aún y, como un acto reflejo, empiezo a devorarla de forma brutal, para sorpresa de mi AMO.

Aaah joder nena, veo que nunca te rindes ¿verdad? Mi putita siempre encuentra la forma de ponerme a punto. Chupa vamos, chupa como a tí te gusta… joder Victoria ya está dura ¿cómo lo haces? Prepara tu culo porque vas a disfrutar de tu obra.

En un movimiento rápido se coloca detrás de mí y me mete la polla por el culo, lenta pero firmemente.

Siempre me darás lo que quiera ¿verdad Victoria? Siempre obtendré lo que quiera de tí…

Siempre AMO, lo que quieras, donde quieras, cuando quieras…

Date la vuelta -dice saliendo de mí y tumbándose en la cama-, mira cómo voy a follarte -me dice mientras me gira haciendo que me siente a horcajadas sobre Él y me mete la polla por el culo- hoy vas a ver cómo te follo a 2 bandas -y me folla con el vibrador por el coño-. ¿Qué tal? ¿Te gusta? Por fin puedo ver tus gestos de dolor mientras te lleno toda. ¿Duele?

Me duele pero me gusta, no pares.

No si esto no ha hecho más que empezar -dice soltando el vibrador dentro de mí y cogiendo el lubricante-, prepara tu coño porque te lo voy a reventar -y me echa un chorro de lubricante en el coño-. Ahora estate quieta puta…

Retira el vibrador de mi coño y empieza a meter los dedos, con movimientos oscilantes, abriéndoles paso, llegando hasta los nudillos, entrándolos… “¿qué tal?”. Yo asiento con la cabeza, indicándole que continúe, disfrutando del momento, de las sensaciones de placer y dolor con su polla en mi culo y su puño abriéndose paso en mi coño, y disfrutando de esa imagen y de su cara de satisfacción.

Nuestras miradas se cruzan cuando me pongo a jugar con mis pechos, entonces Él decide hacer un intercambio, dándome el frasco de lubricante a cambio de uno de mis pechos. Estamos totalmente compenetrados en esta sesión. Mi acción echando más lubricante sobre su mano es la señal que Él necesita para saber que quiero más, que quiero darle más, que soy suya y puede hacer conmigo lo que quiera.

La mano ya está dentro del coño, metida hasta la muñeca, y Él me besa no sé si por agradecimiento o satisfacción, y empieza a moverse y a follarme doblemente, metiendo y sacando la polla de mi culo y la mano de mi coño. Creo que no he sentido nunca tanto placer, ni siquiera puedo apreciar el dolor, y me corro casi instantáneamente.

Déjame seguir Victoria, por favor, déjame seguir un poco más…

Úsame AMO -le concedo mientras me tumbo hacia atrás y le dejo mi cuerpo, mientras pierdo la noción del tiempo y el espacio en un nuevo torrente de sensaciones de placer y dolor.

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El placer del dolor

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Cruzada en la cama, bocaarriba y con las piernas flexionadas y bien abiertas, Él acaricia mi coño, de abajo a arriba, pasando la punta del dedo por la ranura, que empieza a lubricar, cosa que aprovecha para meter un dedo, luego 2, 3, 4, y por fin lo intenta con el pulgar. Las sensaciones de placer se mezclan con el dolor, y empiezo a gruñir, a lo que Él reacciona sacando sus dedos de mi coño para buscar mi clítoris, el cuál está tan duro e hinchado que puede pellizcarlo y estirarlo. Duele, duele mucho, pero mi coño empieza a pedir polla. De nuevo lo acaricia todo de arriba a abajo, cuando de repente ZAS, una palmada seca en medio del coño. Suelto un grito de dolor y encojo mi cuerpo en posición fetal.

¡Estate quieta puta! -dice agarrándome de las muñecas intentando deshacer el ovillo en que me he convertido-. Abre las piernas.

Recupero poco a poco la posición inicial y de nuevo las caricias y ZAS, otra bofetada. Ésta hace que me convulsione y casi cierre de nuevo las piernas, pero miro sus ojos, el deseo y la pasión que hay en ellos, y recupero la postura yo sóla, a lo que Él sólo responde con una sonrisa de satisfacción. De nuevo empiezan las caricias pero esta vez se detiene en la ranura, separando los labios y dando pequeños toquecitos en el clítoris y que resuenan en lo más profundo de mi coño que pide a gritos que me meta la polla ya.

Sin embargo a esos toquecitos les sigue una bofetada cuyo dolor se centra en el clítoris y que es infinitamente más dolorosa que la primera. Nuevamente acabo retorciéndome y gruñendo de dolor, mientras Él forcejea de nuevo para deshacer ese ovillo en que se ha convertido mi cuerpo, pero se da por vencido y sale de la habitación.

Mierda, se ha enfadado, joder… -es lo único que consigo articular entre jadeos-.

Como puedo, consigo sentarme en la cama y, al levantar la vista, le veo cerrar la puerta con una cuerda en la mano.

Esto lo había traído para más tarde, pero ya que no colaboras tendré que usarla ya.

Observo en silencio cómo me ata, el deseo de sus ojos, cómo se relame comprobando cada nudo, hasta que finalmente se incorpora mirándome a los ojos, como dándome la última oportunidad para parar aquello.

Hazlo AMO.

Su única respuesta es una sonrisa de satisfacción mientras se acerca de nuevo a mi cuerpo. Acaricia mis labios con el pulgar, introduciendo después el índice en mi boca hasta los nudillos. A continuación acaricia mi cuello y comienza a apretarlo, hasta el punto que me cuesta respirar, pero continúo en silencio, aguantando su mirada, y me dedica una nueva sonrisa de satisfacción.

La mano continúa bajando y en mis pechos se le une la otra mano, y me los pellizca, aprieta, estira, retuerce y finalmente los abofetea. Esto ya me produce una convulsión que aleja mis ojos de su mirada, yendo a parar a su polla, que va a reventar sus pantalones. Él se percata de este hecho y me da un momento de tregua diciéndome “¿quieres verla?”. Comienza a desnudarse, quedándose enseguida completamente desnudo con una erección increíble. “¿Quieres probarla también?”

Yo no contesto, tan sólo abro la boca invitándole con mi lengua a entrar. Cabalgando sobre mi cuello, me mete la polla hasta el fondo de la garganta, una y otra vez, dejando la última ahogándome y haciéndome casi vomitar. Cuando se incorpora de nuevo, las caricias continúan en mi coño, pasando un dedo por la ranura, luego 2, 3, 4 y finalmente el pulgar, cada vez más y más profundo, hasta que retira la mano que casi estaba dentro, dejándome defraudada. Él, que percibe mi gesto de desilusión, me dice “eso después, como premio si te portas bien, ahora toca dolor” y acaba con una bofetada en mi coño, y otra, y otra más, y otra… Cada vez más seguidas y más fuertes, y el dolor cada vez más y más intenso e insoportable, hasta que acabo soltando un grito desgarrador, que se repite cuando se lanza sobre mí y me penetra de una forma brutal una y otra vez, cada pollazo más hondo y fuerte que el anterior.

El dolor va transformándose en placer hasta correrme de una forma torrencial. Pero Él no para, su polla sigue entrando y saliendo de mi coño con brutalidad y vuelve el dolor, y los quejidos, mientras muerde mis pechos y me pregunta “¿te duele puta?”.

Sí… -consigo responder-.

¿Quieres que pare?

NOOO… no pares, estás destrozándome por dentro, me estás matando de dolor… pero por favor no pares…

Eso es puta, aprende a disfrutar el dolor.

No pares por favor, dame más dolor…

Joder Victoria, esas palabras me producen más placer que tu coño, voy a correrme, me corro, dímelo otra vez cariño, pídemelo por favor…

Dame dolor AMO, dame más dolor… destrozáme el coño… por favor AMO…

Ufffff… Me corro Victoria, me corro…

Acaba desplomado sobre mí, con su polla quemándome el coño, que me arde en carne viva. Tan sólo le oigo susurrar “¿qué estás haciendo conmigo Victoria?”.

Vuelve por fin

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Timbrazos insistentes me despiertan de golpe.

Es Él, es mi AMO -me digo a mí misma saliendo de la cama y corriendo hacia la puerta-.

Abro y ahí está Él, cruzándose de brazos para admirar el paisaje, pues con las ansias de abrir no he caído en la cuenta de que estoy desnuda.

Así me gusta que me recibas puta -dice acercándose, agarrándome ambos pezones y sacudiendo y tirando de ellos-. Prepárate porque hoy vas a recibir dolor y polla por todas partes putita mía.

Suelta mis pezones, entra y cierra la puerta. Me aprisiona contra ella mientras estruja mis pechos y empuja sus caderas contra las mías, pudiendo notar en mi coño la erección que trae puesta. Cada empujón es más fuerte que el anterior, provocando que emita un quejido.

¿Qué pasa? ¿Te he clavado la hebilla del cinturón o algo?

No, es que me duele todo, he pasado la noche masturbándome pensando en tí.

Él se aparta un poco y desliza una mano hasta mi coño, palpando clítoris, labios y agujero, mientras mira en mi cara los gestos de dolor que me cuesta reprimir.

Me has desobedecido Victoria. Si me fui anoche fue precisamente para que descansaras, para tener tu cuerpo hoy preparado para mí.

Se aparta de mí decepcionado. Yo le agarro la mano y la llevo de nuevo a mi coño suplicándole “no te vayas, fóllame la boca, el culo, los pechos… ¿Quieres azotármelos o fustigarlos?¿Quieres atármelos y mordérmelos? Haz conmigo lo que quieras, pero no te vayas…”.

Él se acerca de nuevo a mí y, metiéndome los dedos en el coño me susurra al oído “no he pensado en irme ni por un momento, pero me has desobedecido y ahora no estás en forma para mí, pero eso no me va a parar. ¿Me oyes puta?” -pregunta clavándome los dedos más y más hondo-.

Sí AMO -consigo gruñir de dolor-.

Bien -dice sacando los dedos y chupándoselos-. Joder nena qué bueno está tu coño -y los introduce de nuevo-. No me gusta que te des placer sin mí. Este coño es mío ¿me oyes puta? Sólo yo te daré placer, pero lo haré con dolor. Camina -y tira de mi coño dirigiéndonos a la habitación-.

Una vez allí me tira en la cama, cierra la puerta y dice “vamos a hacer un informe de daños. Abre bien las piernas puta”.

El dolor del deseo

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Esta noche se me está haciendo eterna. Vuelvo a la habitación, me desnudo y me meto en la cama. De nuevo nado sóla en el océano de mi cama, entre olas de satén. Repaso mentalmente los vídeos que acabo de ver y todo el día que hemos pasado juntos, y la lubricación empieza a brotar de nuevo de mi coño.

Deslizo mi mano hasta él y allí está,  hinchado y mojado, con el clítoris erecto y duro, como su polla cuando entra en acción. Y empiezo a sentir ese tirón interior, desde lo más profundo de mi cuerpo. Si Él supiera que sin ni siquiera tocarme, sin ni siquiera estar conmigo, me produce dolor, me hace un daño a veces insoportable.

Un dolor quizá equiparable al que un hombre siente en los testículos cuando quiere follar y no lo hace. Las mujeres también lo sentimos, ahora lo estoy sintiendo, lo siento cada vez que le deseo dentro de mí y no está.

Noto cómo el coño se va hinchando y dilatando, y empiezo a sentir escozor en el agujero, escozor que da paso a ese tirón interior, como si con unos anzuelos clavados en cada labio vaginal estirasen hacia dentro y hacia los lados. Y ese dolor va en aumento conforme pasa el tiempo y sigo vacía, porque los anzuelos invisibles me desgarran hacia dentro, hacia lo más profundo de mi cuerpo. Y duele como si fuera real, e intento engañar a mi cuerpo masturbándome, pero eso sólo aumenta el dolor, porque no sólo no disminuye, sino que acabo destrozándome el clítoris y sus alrededores.

Y curiosamente hay veces que ese dolor me lleva al orgasmo, porque mi AMO me ha enseñado a disfrutar con el dolor, a obtener placer del dolor.

Sofá, manta y vibrador

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¿Qué puede hacer una mujer sóla en mitad de la noche, excitada, mojada y desvelada por esos 3 motivos? Ponerse una camisa, coger el vibrador más grande que tenga, irse al sofá y ver porno sin parar.

Es mentira que las mujeres no veamos porno, o que no nos guste, a mí me encanta, me excito enseguida y lubrico abundantemente viéndolo. El vibrador prácticamente se desliza entrando y saliendo de mi coño sin parar.

Sin embargo hoy no es así. Estoy en el sofá en camisa, sin ropa interior, cubierta por una manta suave que roza suavemente mi monte de Venus (¡cuántos orgasmos ha cubierto esta manta!), y con el vibrador insertado en el coño, viendo cómo follan en la pantalla: columpios, amazonas, a 4 patas (intentando averiguar si ese cabrón le está follando el culo o no), y el puto vibrador que no se mueve. He dejado de lubricar y el porno nunca falla.

Finalmente doy con un vídeo en plano corto, en el que se ve poco más que la penetración. Es una carpeta de vídeos amateurs prácticamente iguales pero que me excitan: pollas entrando y saliendo de coños, de culos y de bocas. El vibrador empieza a deslizarse y salirse de mi coño. Estoy lubricando.

Me follo con el vibrador mientras veo en la pantalla cómo ese cabrón mete y saca su polla en el culo de una zorra que no deja claro si le gusta o le duele. ¿Acaso no es eso el sexo anal? Dolor y placer. El dolor aumenta conforme aumenta el tiempo que se intenta meter la polla en el agujero, sin embargo es un dolor justificado, pues la cantidad de dolor es proporcional al placer que tu follador está sintiendo. Y a mí me encanta darle placer, darle ese placer.

Y cuando por fin le tengo todo dentro de mí, contraigo los glúteos, tanto si nos movemos como si nos quedamos quietos, para que sienta cómo me lo estoy follando también con el culo. Joder cómo me gustaría ser la zorra de la pantalla y tenerle a Él embistiéndome por detrás, que me la metiese a 4 patas,  que cabalgase mi culo como está haciendo con ella. ¿Cuánto tiempo más voy a tener que esperar?