El placer del dolor

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Cruzada en la cama, bocaarriba y con las piernas flexionadas y bien abiertas, Él acaricia mi coño, de abajo a arriba, pasando la punta del dedo por la ranura, que empieza a lubricar, cosa que aprovecha para meter un dedo, luego 2, 3, 4, y por fin lo intenta con el pulgar. Las sensaciones de placer se mezclan con el dolor, y empiezo a gruñir, a lo que Él reacciona sacando sus dedos de mi coño para buscar mi clítoris, el cuál está tan duro e hinchado que puede pellizcarlo y estirarlo. Duele, duele mucho, pero mi coño empieza a pedir polla. De nuevo lo acaricia todo de arriba a abajo, cuando de repente ZAS, una palmada seca en medio del coño. Suelto un grito de dolor y encojo mi cuerpo en posición fetal.

¡Estate quieta puta! -dice agarrándome de las muñecas intentando deshacer el ovillo en que me he convertido-. Abre las piernas.

Recupero poco a poco la posición inicial y de nuevo las caricias y ZAS, otra bofetada. Ésta hace que me convulsione y casi cierre de nuevo las piernas, pero miro sus ojos, el deseo y la pasión que hay en ellos, y recupero la postura yo sóla, a lo que Él sólo responde con una sonrisa de satisfacción. De nuevo empiezan las caricias pero esta vez se detiene en la ranura, separando los labios y dando pequeños toquecitos en el clítoris y que resuenan en lo más profundo de mi coño que pide a gritos que me meta la polla ya.

Sin embargo a esos toquecitos les sigue una bofetada cuyo dolor se centra en el clítoris y que es infinitamente más dolorosa que la primera. Nuevamente acabo retorciéndome y gruñendo de dolor, mientras Él forcejea de nuevo para deshacer ese ovillo en que se ha convertido mi cuerpo, pero se da por vencido y sale de la habitación.

Mierda, se ha enfadado, joder… -es lo único que consigo articular entre jadeos-.

Como puedo, consigo sentarme en la cama y, al levantar la vista, le veo cerrar la puerta con una cuerda en la mano.

Esto lo había traído para más tarde, pero ya que no colaboras tendré que usarla ya.

Observo en silencio cómo me ata, el deseo de sus ojos, cómo se relame comprobando cada nudo, hasta que finalmente se incorpora mirándome a los ojos, como dándome la última oportunidad para parar aquello.

Hazlo AMO.

Su única respuesta es una sonrisa de satisfacción mientras se acerca de nuevo a mi cuerpo. Acaricia mis labios con el pulgar, introduciendo después el índice en mi boca hasta los nudillos. A continuación acaricia mi cuello y comienza a apretarlo, hasta el punto que me cuesta respirar, pero continúo en silencio, aguantando su mirada, y me dedica una nueva sonrisa de satisfacción.

La mano continúa bajando y en mis pechos se le une la otra mano, y me los pellizca, aprieta, estira, retuerce y finalmente los abofetea. Esto ya me produce una convulsión que aleja mis ojos de su mirada, yendo a parar a su polla, que va a reventar sus pantalones. Él se percata de este hecho y me da un momento de tregua diciéndome “¿quieres verla?”. Comienza a desnudarse, quedándose enseguida completamente desnudo con una erección increíble. “¿Quieres probarla también?”

Yo no contesto, tan sólo abro la boca invitándole con mi lengua a entrar. Cabalgando sobre mi cuello, me mete la polla hasta el fondo de la garganta, una y otra vez, dejando la última ahogándome y haciéndome casi vomitar. Cuando se incorpora de nuevo, las caricias continúan en mi coño, pasando un dedo por la ranura, luego 2, 3, 4 y finalmente el pulgar, cada vez más y más profundo, hasta que retira la mano que casi estaba dentro, dejándome defraudada. Él, que percibe mi gesto de desilusión, me dice “eso después, como premio si te portas bien, ahora toca dolor” y acaba con una bofetada en mi coño, y otra, y otra más, y otra… Cada vez más seguidas y más fuertes, y el dolor cada vez más y más intenso e insoportable, hasta que acabo soltando un grito desgarrador, que se repite cuando se lanza sobre mí y me penetra de una forma brutal una y otra vez, cada pollazo más hondo y fuerte que el anterior.

El dolor va transformándose en placer hasta correrme de una forma torrencial. Pero Él no para, su polla sigue entrando y saliendo de mi coño con brutalidad y vuelve el dolor, y los quejidos, mientras muerde mis pechos y me pregunta “¿te duele puta?”.

Sí… -consigo responder-.

¿Quieres que pare?

NOOO… no pares, estás destrozándome por dentro, me estás matando de dolor… pero por favor no pares…

Eso es puta, aprende a disfrutar el dolor.

No pares por favor, dame más dolor…

Joder Victoria, esas palabras me producen más placer que tu coño, voy a correrme, me corro, dímelo otra vez cariño, pídemelo por favor…

Dame dolor AMO, dame más dolor… destrozáme el coño… por favor AMO…

Ufffff… Me corro Victoria, me corro…

Acaba desplomado sobre mí, con su polla quemándome el coño, que me arde en carne viva. Tan sólo le oigo susurrar “¿qué estás haciendo conmigo Victoria?”.

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