El columpio

El columpio

En esta postura, el hombre puede estar bien acostado, o bien sentado, apoyando sus manos en la cama, suelo o donde sea que esté tumbado.

La mujer se sube a horcajadas sobre el pene, dándole la espalda a su compañero, y se coloca arrodillada o en cuclillas, según su equilibrio, y se agarra de los muslos, rodillas o tobillos de él, según su posición y la intensidad de movimiento.

Respecto a éste, el hombre tiene que limitarse a disfrutar, pues es la mujer la que se moverá para proporcionarle placer y proporcionárselo a ella misma, pues es quien controla la profundidad de penetración y la dirección del pene según elija un movimiento de vaivén adelante y atrás, de mete-saca arriba y abajo o de rotación como una batidora.

Personalmente es una postura que me encanta, me encanta dar placer, y al mismo tiempo yo “gestiono” el placer que recibo porque me lo autoproporciono eligiendo con qué tipo de movimiento gozo más.

Como ya he dicho, el hombre tiene que limitarse a recibir placer, pero si no quiere permanecer pasivo (porque algunos hombres eso de que “se los follen a ellos” no les parece masculino), puede mover las caderas y participar en la penetración, puede intervenir también acariciando los pechos y jugando con ellos, masturbando el clítoris o jugar con el culo de la mujer (si ella acepta este tipo de juegos) dándole azotitos, magreándole las nalgas o introduciéndole un dedo en el ano. Esto último sirve también como preliminar para preparar el terreno por si se quiere seguir con sexo anal.

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La mecedora del amor

Es para los que tienen la suerte de poseer una mecedora de interior o de jardín. Para el resto, la variante de hacerlo en una silla o un sillón conocida como “el columpio”, les permitirá saborear los placeres del balanceo de una manera diferente y muy conveniente. 

El hombre se sienta y la mujer se sitúa a horcajadas sobre sus rodillas. Antes del coito, la mujer puede arrodillarse a los pies del hombre y hacerle una felación. Si el asiento es una mecedora, tendrá que tener cuidado con el ritmo del balanceo al entrar y salir el pene de la boca. Cuando ella está sobre él, pueden masturbarse mútuamente antes de la penetración.

Cuando ambos han alcanzado un alto nivel de excitación, el hombre desliza sus nalgas hasta el borde del asiento. La mujer entonces pega su cuerpo al de él y empotra el pene en su vagina con brusquedad o al contrario muy lentamente, según si desea un coito rápido o duradero. Su pecho está al alcance de la boca de su pareja, pudiendo abrazarle o agarrarse al respaldo del asiento. Él en cambio puede usar sus manos para acariciar los pechos de ella o agarrarla por las caderas. Así empieza el “juego”.

La mujer decide la velocidad del vaivén de la mecedora, provocando al mismo tiempo el vaivén del pene en su vagina hasta el orgasmo. Esto en el caso de usar una mecedora como asiento. En una silla o sillón normales, el esfuerzo debe ser mayor. En ambos casos el hombre tiene poca movilidad, sólo puede alzar ligeramente la pelvis para dar impulso al ritmo del balanceo.

Una variante de esta postura, es que la mujer se dé la vuelta, sentándose a horcajadas de espaldas al hombre, dejándole a la vista sus nalgas y el pecho accesible para caricias, magreos o pellizcos, o incluso puede masturbarla estimulándole el clítoris. En esta posición la mujer controla mejor la penetración, por lo que es más satisfactoria para ella (ya sea vaginal o anal) y el hombre prácticamente se limita a disfrutar de las vistas, el tacto y la penetración.

El vuelo de gaviota

El vuelo de gaviota

También llamada postura de “La cortesana”.

Siempre es un poco difícil de contemplar toda la anatomía del/la otr@ durante el sexo. Para el verdadero amante de los pechos, la postura del vuelo de gaviota es óptima. Los pechos se revelan ante los ojos del hombre, que podrá acariciar, jugar, retorcer, besar, chupar e incluso morder a su gusto. La ausencia de esfuerzo físico relaja a la mujer y le deja una libertad para disfrutar que al hombre encantará transformar en placer durante el coito.

La mujer reposa de espaldas sobre la cama o sentada en un sofá, una silla, un puf… Sus nalgas están casi fuera del asiento, sus pies en el suelo para que no se resbale y sus piernas abiertas dejan ver su vagina de una forma tan sugerente que su pareja se excitará por seguro. ¡Pero que no se precipite! Se arrodilla entre los muslos de la mujer y, antes de la penetración, le hace un cunnilingus u otras estimulaciones que aumenten el deseo de cada uno. Por ejemplo, guiará su pene con la mano para rozarlo contra los labios de la vagina de la mujer que, en el momento que ella desee, pedirá ser penetrada.  

Estando de rodillas, el hombre mantiene su tronco erguido. Así su pene está alineado con la vagina. Este ángulo poco común (en las posturas donde el hombre está encima, el pene se mueve hacia abajo) confiere sensaciones fuertes e inéditas para cada uno. Los movimientos vigorosos del hombre atraviesan a la mujer. Ella casi no puede moverse, aunque sus balanceos de nalgas acompañan los golpes de cadera de su pareja. La ventaja de esta posición para la mujer es que los músculos de su espalda, por una vez, no serán solicitados.

El vuelo de gaviota, por el intenso placer que produce, es una manera original de practicar sexo. Esta posición asocia la ternura de la mirada y las caricias a la fogosidad de los deseos y el placer. Una variante es buscar un asiento para ella más alto (una mesa, la lavadora, el banco de la cocina…) y él la penetra de pié. Es la postura ideal para “echar uno rápido” en el despacho o darse una alegría en la cocina.

Un apunte: si te decides por la lavadora, ponla en el programa de centrifugado.

La posición del perrito

La posición del perrito

También llamada “La postura de la vaca”.

Tiene una connotación “animal” tremenda. Es la de los mamíferos cuadrúpedos y por eso, va cargada de fantasías sexuales primitivas que pueden atraer o repulsar. Pero nunca te dejará frio. Esta ambigüedad es atrayente para muchos, porque lo que confunde en la sexualidad, que a la vez despierta el deseo y la aprehensión, provoca una emoción sorprendente y un placer intenso.

A algunas mujeres no les gusta dar la espalda a su pareja, no verlo o no tenerlo ante sus ojos. Otras al contrario, aprecian estar liberadas de la mirada del hombre, sobre todo si él suele observar cada detalle de su cara para encontrar los signos de la excitación. En la posición del perrito, ellas se dejan llevar y se abandonan al placer sin preguntarse qué parecen. Sin cara a cara, pueden concentrarse más en su propia excitación y en disfrutar su placer sin estar distraídas con la mirada de su amante.

La mujer se sentirá bien a cuatro patas (de rodillas) y las manos, el pecho o la cabeza apoyados en la cama, el sofá (o el mueble que se esté usando de base) o el suelo. Ella disfrutará del placer de estar pasiva o, al contrario, participará en el balanceo y jugará con los impulsos de cadera, acompañando el vaivén y reforzando su efecto, o haciendo movimientos circulares con las caderas, mientras contrae la vagina apretando y reteniendo el pene. También se deleitará de tener acceso libre al clítoris con su mano.

A los hombres les encanta esta posición por la perspectiva que les muestra del cuerpo femenino (la cintura resaltada, las caderas y las nalgas realzadas) y porque les permite cumplir sus fantasías sexuales de dominación. La penetración vigorosa y profunda, se realiza entre los voluptuosos glúteos que el hombre puede apreciar durante todo el acto sexual, a la par que las manos acarician esas curvas y se agarran a las caderas o a los pechos de su compañera, o le estimulan el clítoris. 

La penetración tiende a ser menos profunda, las nalgas mantienen al hombre a una cierta distancia, lo que puede ser de utilidad cuando el pene es largo. Para compensar, el ángulo de la penetración provoca a menudo un placer más intenso a ambos, pues ejerce una excelente estimulación de las paredes frontales de la vagina y del punto G. 

Por último, la posición del perrito deja a cada uno liberarse más, jugar con las fantasías y vivir sensaciones diferentes en el contacto de los cuerpos como en la penetración.

La unión del loto

La unión del loto

También llamada “La unión de la Diosa”.

Es considerada como la “favorita de los amantes” por Kalyanamalla, el autor de la obra erótica india “Ananga Ranga”. Perfecta para caricias, besos y la expresión del placer en un cara a cara apasionado. Personalmente, he de decir que a mí me encanta.

Sentado en el suelo o en la cama, el hombre cruza sus piernas, pegando las plantas de los pies. La mujer se sienta sobre él, de frente y a horcajadas, cerrando sus piernas en torno a la cintura de él. En esta posición el contacto íntimo favorece una unión completa.

Empieza por besos prolongados, labios unidos y lenguas entrelazadas. El hombre acaricia los pechos de su pareja, apretándolos y besándolos, y muerde cuidadosamente los pezones. La mujer podría deslizar su mano hacia el pene del hombre y masturbarle. A la vez, ella frota su muñeca o su antebrazo contra su vagina, lo que le mantendrá más excitada. Cada uno deja a sus manos explorar el cuerpo del otro. La mujer podrá a partir de ahora mover sus caderas para frotar su vagina contra el pene totalmente erecto del hombre, estimulando así el clítoris. El hombre ayuda entonces a la mujer a elevarse para introducirle su pene en su vagina. Así la penetración es sencilla ya que la vagina está naturalmente lubrificada y dilatada.  

El hombre tiene ahora varias opciones: rodear con sus brazos el cuello de su pareja o poner sus manos sobre los hombros para dejarle tomar la iniciativa en el vaivén. Él puede elegir también mantenerla por la cintura o presionar ligeramente las nalgas de la mujer, ayudándole así a balancearse en sintonía. Si la mujer contrae los músculos de su perineo, comprimirá el pene con su vagina, aumentando para ambos la intensidad de las sensaciones. Impulsando sus rodillas arriba y abajo, el hombre hace bascular sus caderas y provoca más variados y fuertes rozamientos vaginales, llevando a la mujer hasta el orgasmo. Si ella lo desea, acerca una de sus piernas al cuerpo y alza la otra, sosteniéndose con una mano (esta postura ayuda a variar la tensión de la vagina sobre el pene y provoca sacudidas de placer que cada uno apreciará, mientras contempla el goce del otro).

La ventaja de “La unión del loto” es dar tanto placer al otro como el que se disfruta.

“Kama Sutra” o “Kamasutra”

El legendario Kamasutra, cuyo significado directo seria “Libro del Amor” (KAMA: Amor y SUTRA: Libro), es considerado como el libro de las posturas para disfrutar de una relación sexual.

Fue escrito por un religioso hindú (se cree que entre los siglos IV o VI d.c.) y ha sido traducido a muchos idiomas e incluso llevado al cine.

Sin ahondar en el morbo que puede ocasionar la sola mención de este libro, se podría decir que el Kamasutra va mucho más allá que eso. Es un escrito sobre la interacción intima entre el hombre y la mujer, sobre la conexión espiritual y corporal de ambos sexos y cómo alcanzar la plenitud de placer.

Compuesto por 36 capítulos, que tratan sobre 7 temas diferentes, y con cerca de 59 posiciones distintas (donde algunas requieren ciertas cualidades atléticas por parte de los amantes y otras que no requieren más que la voluntad de ambos), el Kamasutra también puede servir como fuente de inspiración para cualquier pareja, que este algo aburrida de su rutina íntima y desee experimentar con algo que tal vez ya esté en su mente, pero que nunca se hayan animado a realizar por pudor o por algún prejuicio.

Los nombres de estas posiciones han ido evolucionando con el tiempo y actualmente existen versiones para parejas homosexuales, a los que también dedicaré artículos.