Sólo otro sueño

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Sobresaltada despierto en mi cama, sola, era un sueño. Otro, una vez más.

Me despierto tan excitada y mojada como si fuera real. Como aquel en el que soñaba que estaba trabajando en el despacho y entraba Él.

Llevaba una falda con mucho vuelo y Él hacía que me levantase de mi silla para sentarse en mi lugar.

Metía la mano hasta mi coño, apartando el tanga para masturbarme. Luego metía un dedo, dos, tres… y se sacaba la polla y empezaba a masturbarse, hasta que acabo follando sobre Él a horcajadas.

Primero de frente, me arranca los botones de la camisa, me levanta el sujetador y me muerde y chupa los pezones, y después dándole la espalda, mientras me frota el clítoris y me pellizca los pezones.

Esta postura da pié a que nos levantemos, le demos la vuelta a la mesa y me penetre por detrás, flexionada con el culo en pompa y la cara en la mesa, mientras continúa masturbándome el clítoris y pellizcándome ambos pezones con la otra mano.

Tira de mí nuevamente y, sentándose en el suelo con la espalda pegada a la pared, vuelvo a follarle a horcajadas, de rodillas, ya sin camisa y sin sujetador, mientras vuelve a morderme y chuparme los pezones.

Finalmente, acabamos en el suelo, Él sobre mí, follándome a cuatro patas y luego cara a cara, rodeando su cuerpo con mis piernas.

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En mitad de la noche

En mitad de la noche

¡Aaaaah! -una penetración fuerte, seca y profunda me despierta, siento un cuerpo aprisionándome y una mano que ahoga mi grito-.

Schhhhhhh calla puta -me susurra al oído y se enciende la lamparilla de noche, pudiendo verle a Él- estabas esperándome ¿verdad zorrita? -dice deslizando la mano que me tapaba la boca hasta el pecho y pellizcándome un pezón-.

No -consigo susurrar-.

¿Cómo? No te oigo Victoria -dice pellizcándome el otro pezón y estirando los 2 a la vez mientras empuja cada vez más su polla dentro de mí-.

No… no te estaba esperando -consigo articular entre el susto, la excitación y el dolor-.

¡Ah! ¿no? Entro en tu habitación en mitad de la noche y te encuentro desnuda, destapada…

Siempre duermo así -le digo cortándole-.

Vaya. Y yo que creía que había llegado en el momento justo… Ahora entiendo que al meterte la polla estuvieras tan sequita. Lo siento. Te ha dolido ¿verdad?

Me ha dolido más otras veces. Ha sido más el sobresalto que la molestia.

¿Quieres que salga de tí? -dice haciendo ademán de apartarse-.

Nooo, no me la saques, no salgas de mí -le suplico rodeándole con brazos y piernas y empujando mi coño contra su polla-. No me la quites, deja tu polla dentro de mí…

Schhhhhhh tranquila, ya he notado que tu cuerpo se ha adaptado enseguida y te has mojado -me dice haciendo pequeños movimientos de cadera contra la mía-. ¿Te ha gustado la sorpresa a pesar de todo?

Me ha encantado.

Pues acostúmbrate Victoria, porque esto va a ser así a partir de ahora -dice soltando mis pezones, tomándome de las muñecas y sujetándomelas por encima de la cabeza-. A partir de ahora no habrá horarios Victoria. Eres mía y te usaré cuando quiera ¿entendido?

Sí.

Sí ¿qué? -y me embiste un pollazo fuerte, seco y profundo, como el que me ha despertado-. Sí ¿qué? Victoria.

Sí amo…

No te oigo Victoria -embiste otra vez-. Sí ¿qué? -otra vez-. Sí ¿qué? puta.

SÍ AMO -grito-.

Eso es zorra -embiste ya contínuamente, pollazo tras pollazo, fuertes, duros, profundos-. Soy tu amo. A partir de ahora vendré, te usaré y te follaré cuando quiera. Como esta noche. Eres mía…

Mientras me folla y sujeta mis muñecas, me chupa y muerde los pechos y los pezones, y me los estira con los dientes, yo le sigo el ritmo con las caderas, atrayéndole con mis piernas contra mi coño, hasta que me corro en un grito de dolor y placer.

Sóla con la almohada

Sóla con la almohada

Salgo de nuevo de la ducha. ¿Cuántas veces van ya hoy? ¿Y masajes de aloe-vera en el pecho? He perdido la cuenta. Deambulo por la casa en tanga, untándome los pechos con aloe-vera y encontrando rastros de nuestro día juntos por todas partes: cojines, el camisón, otro tanga… todos míos.

No hay nada suyo, nada que me cerciore de que lo que ha pasado ha sido real, aparte de las marcas y heridas en mi piel. Tan sólo las sábanas de mi cama conservan algo esa mezcla de olor a sudor y sexo, y un casi imperceptible halo de su colonia o after-shave.

Me tumbo bocaabajo en mi cama, empotrando mi cara contra una de las almohadas, intentando respirar algo de esa mezcla de aromas sensuales, mientras coloco la otra entre mis muslos. Esto es lo más cerca que puedo estar de Él cuando no está.

Me gustaría quitarle una camisa sudada después de follarme y ponérmela cuando no está, mientras me masturbo llevando uno de sus bóxers. Estoy segura de que le encantaría una foto de mis pezones marcándose en su camisa o asomándose en su obertura. O quizá un vídeo con una mano masturbándome bajo su bóxer mientras me acaricio los pechos bajo su camisa y se los muestro lamiéndome los pezones.

Pero lo único que me queda de Él cuando se va es este olor, que también me está dejando. Mientras aspiro profundamente la almohada, aprieto fuertemente la otra contra mi coño, y éste contra ella, recordando su voz susurrándome al oído una y otra vez “puta, puta, puta”.

Después de varios minutos masturbándome con la almohada y con el clítoris destrozado, la lanzo contra el armario impotente y frustrada por haber sido incapaz de correrme sin Él.
Y es que yo sola soy capaz de provocarme infinidad de orgasmos, pero cuando lo que deseo es su polla dentro de mí, nada puede saciarme.

Colgada e indefensa

Colgada e indefensa

Finalmente se ha ido. Me he quedado acostada en el sofá, desnuda, mirando las marcas en mi piel, la sangre de mis pechos acumulada bajo ella en grandes petequias, los arañazos, respirando el olor a sexo y sudor que desprende.

Me encantan estas sesiones de dolor y placer. Me gusta el brillo de sus ojos mientras me los provoca, su gesto duro, su mandíbula tensa, su respiración nasal lenta y profunda, la dedicación que le pone a cada acción, a cada nudo, la atención que presta para que las ligaduras se mantengan durante las violentas sacudidas.

Disfruta casi tanto de la preparación como de la ejecución, y yo siento que mi coño arde cuando le veo revisar todos los nudos y ataduras con la boca abierta, observando su obra y gozando sólo de pensar lo que va a hacerme. A veces pienso que para Él sería suficiente con esa preparación,  pero para mí ya no, necesito que me domine, que me someta.

Me muero de ganas de que me ate las muñecas sobre la cabeza y me cuelgue de ellas, me ponga pinzas con cadenas en los pezones y tire de ellas mientras me tortura el clítoris con el vibrador, o me folla con él el coño, el culo o ambos a la vez; que me fustigue los pechos con la fusta, o que me los abofetee. Mmmmm esas bofetadas me vuelven loca, se reflejan inmediatamente en mi coño, que se moja, se hincha y se dilata, incluso ahora que sólo las estoy recordando.

Cuántas veces me he imaginado colgada de la puerta, con la mordaza en la boca, mientras Él me come el coño sujetándome los muslos arrodillado ante mí, o me masturba con una mano y con otra me mantiene la cara pegada a la puerta, para acabar follándome contra ella. Ufff casi puedo notar su polla en mi culo, oir los golpes en la puerta por sus embestidas y a Él repitiéndome al oído “puta” una y otra vez mientras me muerde el cuello, la oreja, el hombro y todo lo que alcanza su boca.

Joder cómo me gustaría hacerlo realidad.

Mi dolor es su placer

Mi dolor es su placer

La tortura empieza con toquecitos suaves de frente en los pezones con la fusta. La sensación es de escozor más que de dolor, mis pechos están muy apretados y están extremadamente sensibles. Los toquecitos se convierten en toques, y estos en golpes.

Los golpes de frente dejan paso a  los fustigazos en vertical sobre todo el pecho. Duelen, pero no por los fustigazos, sino porque estos clavan las bridas en mis pechos, apareciendo inmediatamente grandes petequias.

Continúa con los fustigazos, pero ahora dirigiéndolos a la punta, a los pezones, en vertical en ambas direcciones, de arriba a abajo y de abajo a arriba. Estos sí duelen y gimo de dolor, pero quiero más y saco pecho.

Él aprovecha entonces para ponerme otras pinzas en los pezones, pero el dolor es bastante fuerte y me las quita, y sigue con los golpes de fusta. Yo me concentro en sentir el dolor, sé que lo está disfrutando, mientras sigo con la mirada su polla paseándose por delante de mí.

Por fin para y me quita el fular, las cintas y las bridas de los pechos. Hace que me levante y se sienta en la silla, acariciando mis pechos. “Te ha dolido ¿verdad? pobrecita, pobrecita” repite una y otra vez mientras chupa los pezones. “Date la vuelta” me dice y coge la cinta que ataba mis manos, que estaba suelta casi desde el principio, aunque han permanecido unidas.

Coge de nuevo la fusta y acariciando mi espalda y mi culo ZAS, fustigazo, uno tras otro, alternando las nalgas. Se levanta y hace que me tumbe en el sofá, bocaarriba, con las piernas abiertas y flexionadas. Intenta ponerme unas pinzas en los labios del coño pero desiste, creo que están tan mojados que se resbalan. Así que pasa la punta de la fusta por el coño y ZAS, fustigazo, haciendo que me retuerza de dolor.

– No te quejes, esa ha sido flojita -me dice, y es verdad, pero mi coño está tan hinchado y sensible que el golpe me quema-.

Sólo 3 o 4 fustigazos después, me penetra por fin y mi cuerpo se deshace de placer, ya no hay dolor, sólo placer. Al momento cambiamos al estilo perrito y mi excitación aumenta. Quiero más, le quiero en mi culo. Y una vez más Él lee mi mente, porque coge el lubricante y se pone a ello, a abrirse camino, a preparar mi ano para su polla.

Lo intenta una vez, otra, una más. Es doloroso pero quiero que siga, le quiero dentro de mi culo, hasta que por fin su polla está toda dentro y tengo que quitarme la mordaza de la boca para poder gemir libremente.

– ¿Te gusta Victoria?

– Sí amo -gimo-.

– ¿Te gusta?¿Estás disfrutando?

– Si amo.

– Quiero que tú también disfrutes Victoria. Me lo he pasado muy bien y ahora te toca disfrutar a tí.

– Sí amo, sí amo, sí amo, sí amo -no puedo parar de gemir, mi culo es un volcán de placer, hasta que se corre y cae desplomado en mi espalda-.

Tras unos momentos allí quietos, me saca la polla del culo y me quedo allí, arrodillada, reviviendo mentalmente cada segundo, cada golpe, cada penetración.

– ¿Te ha gustado?

– Me ha encantado -le contesto levantándome y besándole.

– Entonces ¿lo repetirías?

– Cuando quieras.

Preparando la tortura

Preparando la tortura

 

La noche va cayendo sobre la ventana. No puedo creer que llevemos juntos un día entero, si no fuera porque mi cuerpo está hecho polvo,  dolorido y magullado.

Está empezando a llover. Me levanto para cerrar la ventana y salgo al salón a cerrar el balcón. Cuando me doy la vuelta lo veo en el quicio de la puerta, vestido y recogiendo sus cosas.

– ¿Te vas? Creí que ibas a pasar estos días conmigo.

– Victoria ha sido un día increíble,  pero si no me voy no vas a descansar nada. Si me quedo voy a seguir torturándote. Tu dolor es mi placer.

– Me encanta que me tortures. ¿Por qué si no he comprado la fusta, las bridas, las pinzas…? He comprado unas con imanes para los pezones y…

– Basta -suelta cortándome-. Sácalo todo -dice cambiando su actitud y empezando a dejar sus cosas- rápido. No olvides la fusta.

Voy a la habitación y cojo la caja, nuestra caja, donde guardo sus “instrumentos de tortura”, y la fusta. Qué ganas tengo de estrenarla… Cuando vuelvo al salón veo una silla que ha colocado en el centro, me coge las cosas y me dice que me siente a horcajadas. Obedezco mientras veo cómo rebusca en la caja y saca unas bridas, que me coloca en los pechos superapretadas. A continuación saca una cinta y me los ata con fuerza, y con un fular rodea mi cuello y ata una vez más mis pechos. Después saca la mordaza y me la ata a la boca, para finalizar atándome las manos a la espalda.

– Es un lazo simbólico. Puedes soltarte cuando quieras.

(No quiero soltarme joder, quiero que sigas. Sométeme. Tortúrame. Lo estoy deseando ¿no lo ves? Soy tu esclava, tu puta, tu sumisa. Si no tuviera este trasto en la boca te lo gritaría).

Mientras le grito esto mentalmente, Él me pone las pinzas de imanes en los pezones. Parecen inofensivas, sin embargo llegan a doler y me las quita. Coloca mis pechos por encima del respaldo de la silla, los acaricia, los pellizca y los estira. Me está poniendo a cien, Él ya está a cien.

Se quita los pantalones y el boxer y su erección es impresionante. “Mira, para que veas cómo estoy ya” me dice. Joder cómo me gustaría tenerla en el coño mientras me hace todo eso. “Vas a saber lo que es el dolor Victoria. Y tu dolor es mi placer”.

Deborándonos

Deborándonos

Este calor es agobiante. Se pegan las sábanas a la piel. No puedo dormir la siesta con este agobio, y con su cuerpo desnudo pegado al mío lo que menos me apetece es dormir. Me revuelvo en la cama una y otra vez hasta que me siento.

– Victoria deberías descansar.

– No puedo, no soporto este calor. Voy por el ventilador.

Salgo a por el aparato y cuando vuelvo, la escena es inédita: Él está tumbado bocaarriba en mi cama, tranquilo, relajado, mirándome. Esa imagen se ha grabado a fuego en mi mente para siempre. Jamás lo había visto con tanta serenidad, con tanta paz. “Ven” me dice alargando el brazo hacia mí.

Dejo el ventilador en el suelo, ni siquiera lo enchufo, y le tomo de la mano. Él me atrae hasta la cama, hasta su cuerpo, y acabo arrodillada entre sus piernas con su polla ya erecta en mi boca.

Pocas veces me deja darle placer así a mi voluntad, dejándome decidir el ritmo, la profundidad, y me encanta. Está absolutamente relajado, limitándose a disfrutar de la felación. No sé quién está disfrutando más, si Él  o yo. Parece que lee mis pensamientos, porque entonces pregunta “¿te gusta esto Victoria?”.

Yo recorro mis labios por su cuerpo y, acariciándole los pezones, le digo con sus labios en los míos “estaría haciéndotelo siempre”. “Entonces sigue” me contesta.

Mis manos acompañan a mis labios por todo su cuerpo, hasta que su polla vuelve a estar en mi boca. Acaricio sus muslos mientras chupo y lamo su polla una y otra vez. Quiero tenerla toda dentro, que me llegue al fondo de la garganta, y hundo mi cabeza contra su pelvis.

Entre mis propios gemidos escucho “ponme el coño en la cara” y levanto la vista para mirarle. “Ponme el coño en la cara” repite Él, y obedezco medio a regañadientes en mi mente, porque sé que Él disfruta dándome sexo oral, pero quería que ese momento fuera sólo suyo, que sólo disfrutara Él, darle placer únicamente oral, como tantas veces le había pedido y creí que había llegado el momento, pero cedo y me monto sobre su cara.

Me meto su polla de nuevo en la boca y agarro sus nalgas para empujarla al fondo de mi garganta, cuando noto mi clítoris presa de sus labios y su lengua. Joder qué bien me come el coño, es de las veces que más estoy disfrutando, cuando de repente siento que empieza a moverse y a follarme la boca. Sin darme cuenta había parado de mamarle la polla y ha tenido que moverse Él. Mi placer me ha distraído del suyo, ¡qué estúpida!

Intento concentrarme, olvidarme de mi placer y dedicarme sólo a proporcionárselo a Él. De nuevo agarro sus nalgas y empujo su polla al fondo de mi garganta. Joder me encanta, no sé dónde siento más placer, si en la boca o en el coño, porque no puedo evitar flaquear y sentirlo entre mis piernas, alternando ritmos y movimientos que me llevan al borde del orgasmo una y otra vez.

Empieza de nuevo a follarme la boca y centro toda mi atención en eso, en que disfrute, en que se corra, quiero su semen, ya no quiero alargar más esto, ya no. No es lo que yo quería, yo quería darle sexo oral horas y horas, darle placer ilimitado, pero necesito acabar porque me está matando de placer, mi coño está a punto de estallar y si me centro en mi orgasmo Él no llegará al suyo y me perderé su semen, su esencia, su sabor. (Córrete por favor, córrete en mi boca, dame tu semen, no me dejes sin él por favor, córrete en mí) me repito mentalmente una y otra vez hasta que se derrama en mí, en mi boca, y sorbo y chupo y trago sin parar, y chupo una y otra vez, empujando sus nalgas con mis manos llevando más y más profunda su polla en mi boca, hasta que noto que me voy, no sé si por el placer que siento en mi boca o en mi coño, pero me voy y de qué manera…

Caigo desplomada a su lado, abrazada a su muslo, y acariciando la punta de su polla, recogiendo los restos de semen que siguen saliendo y chupándome los dedos para no dejar nada. Es mío, lo he conseguido yo, y acaricio su polla con cariño, notando cómo va perdiendo la erección en mi mano. Nos quedamos así, en silencio y relajados durante unos minutos. No sé cómo se siente Él, pero para mí ha sido mejor que algunos polvos.

Me encanta darle ese tipo de placer, lo haría cada día, y algún día espero hacerlo únicamente para Él, chuparle la polla, lamérsela horas y horas. Su polla, mi boca, y nada más.

Una comida tras otra

Una comida tras otra

De nuevo en la ducha, casi retorciéndome por el escozor que me provoca el agua caliente al rozar mis pechos arañados. ¡Dios cómo echo de menos una bañera! Sumergidos en el agua los sentiría más aliviados.

Salgo de la ducha e intento ponerme el albornoz, pero me molesta bastante. Ni siquiera aguanto el contacto del camisón de satén que me pongo, así que me saco los tirantes y lo dejo suspendido en la cintura.

De nuevo me unto aloe-vera y me los masajeo suavemente. “¡Joder cómo escuece!”

– ¿Decías algo Victoria? -pregunta Él desde la cocina- La pasta está lista. Sal ya.

Con las manos empastradas de aloe-vera, cojo el tanga con los dientes y salgo masajeándome los pechos hasta la cocina.

– Joder nena, ¿aún quieres más? -pregunta haciéndose el gracioso quitándome el tanga de la boca.

– Muy gracioso. Pónmelo anda, que tengo las manos sucias. 

– ¿Por qué? Estás mejor así, más accesible -me dice dejando el tanga en la mesa, agarrándome por el culo y atrayéndome hacia Él-. ¿Te has secado bien o aún estás mojadita por algún rincón? -pregunta besándome y acariciándome el coño-.

– Eres insaciable. Me gusta. Aunque luego tenga más marcas que un mapa de metro.

– Ven anda, siéntate. Yo te lo curaré -dice sentándose y atrayéndome hacia Él hasta sentarme a horcajadas sobre sus muslos-, al fin y al cabo te lo he hecho yo.

– Se va a enfriar la pasta.

– Luego se calienta, esto es más importante -contesta echándome aloe-vera en ambos pechos y empezando a masajearlos-. También me gusta cuidarte Victoria.

– ¿De verdad? -le pregunto intentando obviar que el masaje de pechos me está calentando el coño poco a poco.

– De verdad. Tienes que durarme. Aún tenemos que hacer muchas cosas -dice pellizcándome los pezones-.

– Lo dicho, eres insaciable. Doy fe.

– Y yo doy fe de que te gusta, tu coñito está mojándome los muslos.

Joder no me he dado cuenta. Los pellizcos han hecho que empiece a lubricar.

– Bueno, puedes parar ya. Ya no queda aloe-vera -le digo levantándome-.

– Espera. Yo también quiero un masaje -dice agarrándome de la muñeca-.

– ¿Tú? ¿Dónde?

– ¿Dónde va a ser? Donde me has dado caña tú a mí -dice bajándose y quitándose el boxer y sentándose de nuevo-. Dame el frasco de aloe-vera.

Vuelvo a sentarme a horcajadas sobre Él y empiezo a masturbarle, mientras me echa más aloe-vera en los pechos y empieza a masajear de nuevo.

– Despacio nena, esto es para relajarnos -me dice mientras sus dedos resbalan por mis pechos y me frota los pezones con los pulgares-. Bien, así nena, así, mmmmm…

Me encanta tener su polla en mis manos, acariciarla, casi tanto como tenerla en la boca y chuparla. Enseguida está dura, y así me gusta aún más.

– Para Victoria, ufff… si sigues voy a correrme y no quiero. Ven… -me acerca hacia Él y me penetra lentamente-. No te muevas ¿vale? Sólo quiero sentirte y que me sientas. Y seguir acariciándote…

Rodeo su cuello con mis brazos y nos besamos, mientras Él sigue acariciando mis pechos. Y está dentro de mí, lo siento, pero quiero sentirlo más, y que me sienta, así que empiezo a hacerle un carrete, contrayendo la vagina y masturbándole así con ella.

– Victoria me estás follando -dice con sus labios en los míos y apretándome los pechos-.

– ¿Quieres que pare?

– No -dice soltándome los pechos y cogiéndome el culo atrayéndome hacia Él-. Fóllame Victoria.

Empiezo a mover mis caderas como una loca, como una batidora mientras Él me atrae cada vez con más fuerza hacia su polla, aplastándome contra Él como si buscara lo más profundo de mi coño con ella, hasta que me corro cayendo desplomada sobre Él. Pero ahí no ha acabado todo…

– Levántate puta, ahora me voy a ir yo -dice empujándome hasta que me levanto, y se levanta tras de mí, corriéndose en el plato de pasta-. Madame bon appetit. Cómetelo.

– ¿Quieres que me coma la pasta donde te has corrido?

– Es la salsa especial de la casa, y ya no hace falta calentarla. Cómetela puta -me ordena cogiendo el plato y poniéndomelo en la cara-, vamos.

Sin dejar de mirarle a los ojos, deslizo mi lengua por la montaña de pasta bañada por su semen, cojo un tallarín y, metiéndome la punta en la boca, lo absorvo hasta que está todo dentro y me limpio los labios con la punta de la lengua. El brillo de sus ojos se intensifica, deja el plato en la mesa lentamente, me tumba en ella, me echa de nuevo aloe-vera en los pechos y empieza a masajearlos de nuevo, mientras me come el coño lentamente, muy lentamente, tanto que incluso recupera la erección y me penetra y se queda dentro de mí, inmóvil, mientras sigue masajeándome los pechos.

– Mastúrbate Victoria.

Obedezco inmediatamente y el placer es sublime: mientras froto mi clítoris Él sigue dentro de mí, acariciando y frotando mis pechos y mis pezones, y me corro de  nuevo tan abundantemente que Él se libera de mi coño y se agacha a lamerlo, una  y otra vez, hasta que se sienta a mi lado en la mesa y me dice “esto era lo que quería”.

Frente al espejo

Frente al espejo

– ¿Qué haces ahí desnuda? Vas a coger frío -me dice entrando por la puerta-.

– Al contrario, tengo calor -recordar aquella tarde me ha puesto realmente cachonda-, estoy caliente.

– No puedes estar hablando en serio. 

Me deslizo lentamente en la cama, tumbándome bocaarriba y flexionando y abriendo las rodillas, sin ni siquiera mediar palabra. Él se arrodilla frente a mi coño y comprueba asombrado “estás totalmente empapada e hinchada” y hunde su cabeza en mi coño, chupándolo y lamiéndolo mientras yo le ayudo descubriéndole mi clítoris y Él se agarra a mis pechos. Se levanta, se quita el boxer que se había puesto y, ya erecto, se acuesta sobre mí, chupándome un pecho, luego otro, y acaba penetrándome lentamente. Estoy tan excitada, tanto, que casi llego a correrme sólo con esa penetración.

Poco a poco nos movemos, aumentando la velocidad, bajando el ritmo, aumentando de nuevo, bajando otra vez… es delicioso. Cambiamos de postura un par de veces y finalmente, Él se aplica lubricante y follamos a 4 patas. Normalmente es una postura que me provoca molestia y placer a partes iguales, me gusta por esto, porque es muy morbosa. Pero en este momento, no sé si por lo caliente que estoy o por el lubricante que no usamos nunca, la sensación es sólo placentera. No me desagrada, porque estoy gozando, pero es un placer dulce, quizá es que me he acostumbrado al sexo duro.

Afortunadamente, no soy la única que echa de menos el morbo. Él se retira y va a por el espejo, poniéndolo frente a mí y volviendo a penetrarme de nuevo, mientras miramos cómo follamos. Ahora sí es excitante, veo su cuerpo, sus expresiones, incluso parece que sienta más la follada, que las penetraciones sean más profundas, y busco sus manos para que se agarre a mis pechos y me atraiga más hacia Él.

– ¡Qué ganas tenía de hacerte esto Victoria, de follarte así, puta mía! -me encanta que me llame puta, es como una señal para que pise el acelerador y me mueva más y más, y eso hago- ¡Putita mía, eres mi perrita, eres mi puta perra Victoria!

– Dilo… -jadeo-.

– Puta.

– Dilo…

– Puta puta puta… Eres mi puta perra. Eres mi zorrita -joder qué placer, para mis oídos y para mi coño-. ¡Te voy a follar el culo puta!

Saca su polla de mi coño rápidamente y me la mete por el culo, agarrándome por los hombros para atraerme hacia Él y corriéndose casi instantáneamente.

Sexo sin sexo, sólo dolor y placer

Sexo sin sexo, sólo dolor y placer

En días como hoy me gustaría tener una bañera. La llenaría y me acostaría a relajarme en un baño de espuma, yo sola, porque si lo hiciera con Él, seguramente acabaría con su polla en mi boca, en mi coño o en mi culo, o quizá en 2 de ellos o en los 3 por turnos. Me encantaría que me follara en el agua, en una piscina, en el mar… Una bañera se nos quedaría pequeña, en un jacuzzi quizá… Quizá en algún viaje de negocios, a alguna convención, una habitación de hotel con jacuzzi y el suficiente tiempo para follar de todas las maneras posibles. Quizá algún día…

Acabamos de ducharnos y yo vuelvo a la cama mientras Él va a la cocina, a preparar algo para reponer fuerzas. Estoy agotada y dolorida. Sentada en la cama, me miro en el espejo. Las marcas de tanto “ajetreo” son evidentes. Me levanto y me quito el albornoz frente al espejo, dejándolo caer en el suelo.

Las marcas de los reglazos son evidentes, las de los mordiscos también, y las de las bridas. Las que más me gustan son las de los mordiscos en los pezones, son las que más duran, me los ponen morados durante días y están consiguiendo que sean más sensibles. Cada vez que me los chupa o me los muerde, mi coño chorrea y se hincha de una forma brutal. Me gusta que me azote, que me cause ese dolor, y que queden marcas en mi piel para recrearme en ellas. ¿Estoy loca?

A veces ni siquiera echo de menos follar después de soportar todo eso. Recuerdo un día en la oficina, en nuestro baño, nuestro único refugio, y en una de mis posturas favoritas últimamente: ambos frente al espejo, Él jugaba con mis pechos y mis pezones, acariciándolos, estrujándolos, mientras empujaba su polla contra mi culo, aprisionándome contra el lavabo, y yo realizaba el movimiento a la inversa, buscando su polla con mi culo.

De repente se separó de mí y me azotó el culo, pero no fue un azote como los de siempre, fue realmente un azote de castigo, al que le siguió otro, y otro más… fueron 7 u 8, 10 quizá. Dolían, pero quería más. Y Él entendió que quería más. Y salimos de allí como perros en celo, pero algo me decía que no íbamos a follar, y tampoco me importaba. Quería que acabara lo que había empezado, y sabía que no me arrepentiría.

Al llegar a casa se sentó en el sofá, me tumbó bocaabajo sobre sus muslos y continuó con los azotes, clavándome la rodilla en el coño, que ya estaba empapado e hinchado, y fue casi como una masturbación espontánea. Me levanté y Él me quitó la ropa de cintura para abajo, y luego se quitó Él la suya. Volvió a tumbarme y a azotarme, hasta que debió notar que estaba mojada, porque me abrió los muslos y metió 2 o 3 dedos e hizo que me levantara.

A horcajadas entre el sofá y uno de sus muslos, me penetraba el coño con la mano derecha hasta donde podía una y otra vez, mientras con la otra me descubrió los pechos y me los mordía y abofeteaba. Yo lo ayudé quitándome toda la ropa, y moviendo mis caderas al compás de sus embestidas en mi coño, que eran más dolorosas que placenteras, pero no quería que parara, quería su mano más y más dentro de mí, la quería entera dentro de mi coño y gemía cada vez más fuerte hasta que me reprendió.

Me tumbó en el sofá y terminó de desnudarse Él también, se arrodilló frente a mi coño y me lo devoró de forma brutal diciendo “me acabo de tragar todo tu flujo puta”, y subiéndose al sofá sobre mi cabeza, me metió la polla en la boca y me la folló acostada un momento, para continuar atándome un pecho, aún no sé con qué, y devorándolo de forma brutal y tan dolorosa que grité y paró. Ahora me arrepiento de no haberme mordido la lengua y haber aguantado.

Se levantó nuevamente y me azotó, esta vez en el coño, una y otra vez, mientras estiraba y retorcía mis pezones, y yo me retorcía de placer. Quería que continuara, pero paró y, tirándome del pelo, hizo que me levantara yo también y que me arrodillara frente a Él y le comiera la polla, metiéndomela hasta la garganta, más honda que nunca, mientras me susurraba “eres mi puta perra”, haciendo que la quisiera aún más adentro y me la metiera cada vez más hasta que, por primera vez, llegué a vomitar.

Paré un momento para respirar y controlarme, y tirándome de nuevo del pelo, me arrastró tras Él al sofá y, tirándome sobre Él me dijo al oído “esto es sexo puta, ahora chúpamela”, y me empujó hasta su polla liberándome, momento que aproveché para ir a escupir lo que había vomitado y volver a devorarle la polla con más ansia si cabe, hasta que oí y sentí cómo se corría, tragándomelo enseguida. Era mi premio. Después de todo, no me quedé con ganas de follar, pero sí de comer más polla. Lo hubiera repetido todo de nuevo, con tal de comerme su polla así de nuevo.